Manifestaciones de un nuevo internacionalismo
«En Niza se ha visto una real convergencia de sensibilidades en la lucha social. A la sombra de la cumbre ha nacido una identidad de lucha europea»
Bernard Cassen, presidente de ATTAC
La celebración de una segunda conferencia de la Unión Europea en Niza, Francia, ha reiterado el espectáculo de la multiplicación de expresiones de repudio a las consecuencias ecológicas y sociales de la globalización y el crecimiento salvaje del capitalismo.
Tal como lo ha descrito Eduardo Febbro, corresponsal en Francia, en una serie de notas publicadas por Página/12, el hecho asumió dimensiones históricas:
«Ni los habitantes de Niza ni los dirigentes europeos habían visto jamás una cosa igual: los primeros se quedaron mudos ante el multitudinario desfile de «euromanifestantes» que perturbaron la tranquilidad de la ciudad (…), los segundos vieron cómo más de 80 mil personas, provenientes de todos los sectores asociativos, sindicatos, representantes de la sociedad civil antimundialistas y radicales organizaban una «contracumbre» en vísperas del crucial Consejo Europeo».
Las manifestaciones violentas de que daba cuenta la prensa mundial ayer no debieran inducir a creer que las protestas sociales que se hicieron presentes en Niza se limitaron a esos episodios.
Desde el miércoles, decenas de miles de manifestantes, convocados por las centrales sindicales de Francia y otros países de la región, protagonizaron las demostraciones masivas más impactantes de los últimos tiempos.
En el momento actual Niza se ha convertido en el punto de anudamiento de una buena cantidad de las tensiones que sacuden a Europa.
La Europa ya integrada en la Unión, la llamada Europa de los 15 y la otra, mayoritariamente integrada por países del ex bloque socialista, que hacen antesala en las afueras del Acrópolis de Niza esperando orientaciones para su futuro ingreso a la «fortaleza» europea.
Se trata, ni más ni menos, que del pasaje de una Europa con 15 países y 375 millones de habitantes a otra con 27 países y 480 millones de habitantes.
Y esto, como se ha hecho notar, con las instituciones forjadas en 1957 cuando la Comunidad estaba integrada por cuatro países con niveles bastante parecidos de desarrollo económico y social.
El evento de Niza puso una vez más en evidencia las contradicciones de los sindicatos y las ONG progresistas con las políticas que, si no en toda, en gran parte de Europa vienen aplicando los gobiernos.
Para una parte considerable del movimiento obrero y las nuevas organizaciones de la izquierda europea, tal como ha expresado Bernard Cassen, presidente de ATTAC: «Muchas de las políticas europeas actuales, pacto de estabilidad presupuestal, política monetaria del Banco Central Europeo, medidas de liberalización, se pueden considerar meras variantes europeas de los planes de ajuste estructural que el Banco Mundial y el FMI imponen en los países del sur.»
Con el telón de fondo de las movilizaciones sindicales y de los activistas autónomos y radicales, los representantes de los gobiernos se aprestaban a dar aprobación a la llamada Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión.
El documento, que contiene avances conceptuales, no va a cobrar estatuto de ley, sobre todo por la oposición de algunos sectores de las derechas y de las corporaciones patronales.
Para dar una idea de las dificultades y contradicciones del panorama europeo, la inclusión del reconocimiento del derecho de huelga en la Carta fue objetada por el gobierno laborista de Tony Blair.
Sólo la aceptó, por la presión del socialista Lionel Jospin, si la Carta no tenía estatuto ni fuerza de ley.
Las actividades «contracumbre», anticapitalistas y de repudio a la globalización han consistido además de las manifestaciones callejeras, en la realización de Foros de Debate donde han expuesto sus conclusiones distintas asociaciones, intelectuales y organizaciones sindicales.
Una nueva cultura de la protesta y unas nuevas expresiones del internacionalismo están surgiendo: en las manifestaciones callejeras se sigue entonando la vieja Internacional, pero los contenidos responden a los más perentorios desafíos actuales.
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