El quid es el modelo de desarrollo

En las actuales circunstancias hasta los más incrédulos comienzan a manifestar su preocupación por lo que a todas luces es una realidad inocultable. Los seres humanos están destruyendo la naturaleza a un ritmo sin precedente y dentro de pocas décadas se necesitará el doble de los recursos naturales, si las tendencias en desarrollo continúan.

Esta situación ha convertido la cuestión del medio ambiente en un tema de primer orden y en este siglo XXI pareciera que el desiderátum será el siguiente: o se le da respuesta contundente a esta tendencia negativa o nos quedamos sin mundo.

La cuestión vinculada con el medio ambiente comenzó a plantearse como problema prácticamente a partir de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano, realizada en 1972, en Estocolmo, donde se habló del desarrollo sostenible. Luego, en la Cumbre de la Tierra, efectuada en Río de Janeiro en 1992, se plantearon los objetivos del desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente plasmado en el programa conocido como la Agenda 21I.

Desde entonces han seguido otras cumbres y muchas reuniones de expertos y activistas, en las cuales ha predominado la preocupación. No obstante, la realidad es que la voracidad del crecimiento capitalista, acrecentada en su era neoliberal, ha incrementado el problema y las propuestas para revertir lo negativo no han tenido una respuesta positiva.

El afán consumista, sobre todo el depredador de la naturaleza, propio de los países desarrollados, ha contaminado al resto del mundo. La deforestación hace desaparecer cada año millones de hectáreas de bosques, la erosión arrastra la capa vegetal y degrada millones de hectáreas de tierras fértiles, y la desertificación se extiende por aún más millones de hectáreas de suelos. La extinción de muchas especies de fauna y flora afecta gravemente la biodiversidad, mientras la contaminación del agua de los ríos y los mares, así como la del aire, amenazan la supervivencia de poblaciones, países y regiones.

Hoy, cuando se está hablando de la producción de biocombustibles a partir de cereales y de forrajes transgénicos cultivados en tierras de países pobres, para que puedan continuar circulando sus dispendiosos automóviles o no haya que dejar de alimentar a sus animales afectivos, se está transitando el camino de la destrucción.

Las tierras donde había bosques por los que respiraba el planeta y los campesinos producían para consumo humano en condiciones de armonía con la naturaleza y su biodiversidad, están siendo saqueadas y utilizadas para el monocultivo de soja, o de pinos y eucaliptos que reemplazan a los bosques nativos, descomunalmente deforestados.

Ahora bien, el quid de la cuestión está precisamente en un modelo económico y social basado en la maximización de la ganancia para unos pocos ganadores a costa de la mayoría de la población, perdedora, que, además, ha acarreado el agotamiento de los recursos naturales de un planeta cuajado de las mayores injusticias sociales.

La cura efectiva de estos males está precisamente en cambiar el modelo societal actual; todo lo demás que pueda hacer la humanidad a estas alturas tendrá un efecto apenas atenuante. Una sociedad ambientalmente sustentable, ecológica y solidaria es definitivamente incompatible con el capitalismo.

La Paz mundial está amenazada, no solo por la carrera armamentista, los conflictos regionales y la continua injusticia entre personas y naciones, sino también por una falta de respeto hacia la naturaleza.

Lo mejor entonces es cambiar el mundo.

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