La historia vuelve a repetirse
La profesión de «hombre de a caballo» siempre ha tenido sus riesgos. Sea en tareas rurales, en la profesión de la fusta, el polo o el deporte de la equitación en sí, por aquello de que nunca sabemos lo que «piensa» el pingo, las consecuencias a veces pueden ser fatales. O sin llegar a tanto, dejar al jinete en condiciones físicas deplorables o con secuelas no pocas veces gravísimas.
En lo personal como amantes del turf, en muchas oportunidades nos tocó ver de cerca rodadas espectaculares donde tanto animales como jinetes sufrieron lesiones de entidad, obligando al sacrificio de los primeros y a la internación a veces larguísima de sus jockeys. No pocos de estos a lo largo del tiempo, pagaron con su vida los riesgos de la intrépida tarea de venir a 60 quilómetros por hora a lomos de un pura sangre. Como si fuera hoy recordamos hace un montón de años la trágica rodada de Eriberto Sosa jinete en la yegua Boya promediando el codo final de una prueba en Maroñas. O la trágica caída del otro lado del río adonde había cruzado a dictar cátedra, del inolvidable «Facha» Manuel de Santis, un jockey excepcional hecho junto al cuidador más inteligente que tuvo el circo de Ituzaingó en su historia, el siempre recordado «Mariscal» José «Don Pepe» De Giuli.
En nuestra tarea paralela al periodismo, en un centro asistencial, infinidad de veces asistimos a las graves lesiones sufridas por jinetes en su trabajo del campo, siempre duro y por su tipo, muchas veces alejado de los centros poblados de manera de poder brindar una adecuada y rápida atención. No pocos ni tuvieron tiempo para dicha asistencia, al caer fulminados por un rayo en días de tormenta junto con su cabalgadura, hecho muy común en el campo. Por cierto en las clásicas fiestas de la Semana Criolla, los accidentes sufridos por domadores, a lo largo del tiempo no sólo dejaron muertos sino también hemi y parapléjicos como consecuencia de gravísimas lesiones.
Curiosamente a nadie (o muy pocos) se le ocurrió plantear el tema de si este tipo de espectáculos (como el de la corrida de toros), no constituye un riesgo de tal magnitud que pudiera merecer la atención tanto del Ministerio de Trabajo o del de Salud Pública. Porque incluso se ha dado el caso trágicamente paradojal, de que algunas veces con el simple pedido de «bolada» muchos que de domadores no tienen nada, han logrado subirse a lomos de un bagual pagando por el intento de triunfo con rodadas que pusieron en peligro su vida, por poner un ejemplo, el de aquel famoso «Chaplín»‘ participante de todo tipo de espectáculos que muchos recordarán. Y al que una vez creo que fue en el Prado, le «prestaron» un potro al que le dieron por manso y casi lo mata dejándolo con serias lesiones que motivaron una larga internación.
El último viernes, el ruedo de la Criolla del Prado una vez fue testigo presencial de una nueva tragedia de este tipo. Aunque se trataba de un hombre que según las «mentas» conocía a fondo la profesión, Gustavo Macedo Laureano un brasileño que competía en basto, es decir no «en pelo» sino con montura y estribos, al ser despedido por su cabalgadura tuvo la mala fortuna de no poder sacar su pie de uno de los estribos. En materia de accidentes de «a caballo» éste sufrido por el participante riograndense es uno de los más peligroso, dado que el animal siguiendo su loca carrera arrastra al jinete sin que éste pueda de ningún modo defenderse de los traumatismos que se suceden hasta tanto el potro no pueda ser detenido. Un caso similar, hace muchos años, le costó la vida al famoso jockey argentino Juan Pedro «Pelusa» Artigas, muy conocido también por nuestros aficionados en sus incursiones de las fiestas de enero en Maroñas.
En la cúspide de su brillante actuación, «Pelusa» Artigas rodó conduciendo al caballo San Matías, no pudiendo sacar su pie del estribo siendo arrastrado a lo largo de toda la pista por su conducido y sufriendo lesiones que por su gravedad motivaron su fallecimiento. Quizás y sin quizás, debe haber sido esa una de las tardes más tristes de la que tiene recuerdo el hipismo allende el río.
Pero volvamos al principio, aún a sabiendas de que hoy día, a mucha gente le interesa más el dinero que la mismísima vida de sus pares: no debe ser tema de análisis de quien corresponda, si este tipo de espectáculos con los peligros que encierra para la integridad física de sus participantes, aún sin suprimirlo íntegramente, ¿puede seguir desarrollándose sin la debida toma de algunas prevenciones?
La realidad parece indicarlo, más aún, ahora que con motivo de algunos accidentes sufridos por obreros de la construcción a tanta gente aún sin los mínimos conocimientos en el «mettier» se le ha dado por opinar en la materia.
Digamos para terminar que una información de este accidente, el jinete brasileño Macedo fue trasladado al CTI del Sanatorio del Banco de Seguros. Hay que aclararle al colega que dicho centro asistencial oficial, fundado en 1951, nunca tuvo increíblemente CTI y que los accidentados, a veces gravísimos, deben ser trasladados desde allí a sanatorios que sí los tienen. Y por cuyo uso el Banco de Seguros del Estado paga honorarios fabulosos.
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