Escrito por: Por Jorge Pasculli Periodista
Caminaba entre la gente y me parecía mentira que hubieran pasado 37 años. Y seguía caminando y reconociendo rostros y celebrando reencuentros como si se tratase de sobrevivientes, a muchos de los cuales hacía muchísimo tiempo que no veía. Y lo mismo nos pasaba a todos. Por aquí y por allá gente saludándose, feliz, tranquila. Por estar allí, viva, sana, más vieja, más gorda, con menos pelo y más arrugas, pero sonriente, con muchas experiencias vividas y con muchas esperanzas. Esperanzas de que el país siga adelante, conteniendo cada vez más a los más desposeídos, abriendo cada vez más posibilidades para nuestros hijos y nuestros nietos. Los miles de veteranos de entre 40 y 70, la mayoría, estábamos felices de haber llegado hasta aquí y comprobar que todo lo que se luchó, todo lo que se sacrificó, todos los que lamentablemente no estaban presentes, todo eso tenía sentido. Ese sentido estaba simbolizado en este 37 cumpleaños de aquel gran acto que abrió este camino de unidad en la lucha. Cumpleaños nuestro, también. De cada uno.
Y sigo caminando. Cada rostro conocido es como un gran abrazo. Cada rostro desconocido igual me inspira un gran afecto. Las banderas, los mates, las tortas fritas, la señora la misma de hace 37 años que te encajaba el pin sin preguntar y te decía “gracias, compañero, con lo que pueda colaborar con finanzas”, y vos sabías que era para su familia. Fue lindo, fue cálido, fue un “paso a saludar”. Mucha gente no aguantó hasta el final. Empezó un poco más tarde. Pasan los años y se pierde el entrenamiento. Muchos oradores, por suerte breves y entusiastas. Cariñosos aplausos para todos. Al comienzo se escucharon canciones del Frente de distintos años. Fue grato. Después un video sobre Rodney Arismendi, un grande, que cumpliría 95 años. Fragmentos de su oratoria a su regreso al país al fin de la dictadura. Y una sorpresa muy espontáneamente recibida con exclamación y aplausos: en ese acto, Germán Araújo, un petiso enorme de la resistencia, en aquella querida CX 30. Se izó la bandera, se cantó el himno, todo con serena emoción. Unos cuantos jóvenes veo entreverados entre los “40 y 70″. Está claro que no le hicimos lavado de cabeza a nadie. Naturalmente los jóvenes se van integrando sin presión de los mayores a la vida social y política. Y nombran a Lilí Lerena de Seregni y una explosión de afecto y reconocimiento sale de nuestros pechos.
Empieza la oratoria. Rafael Michelini, punzante, reflexivo, centelleante, cita a su madre, una mujer luchadora, madre de diez hijos, que le recuerda que la “impaciencia de la izquierda puede ser nuestro peor enemigo”. Enrique Rubio, que detalla todo lo que se ha hecho. Y está bien, habría que repetirlo una y otra vez. Y recorre también todo lo que falta. La gente aplaude con convicción de que lo que se dice es cierto, comprobable, se puede vivir. Liliam Kekichián, Eduardo Lorier, Eduardo “Lalo” Fernández, recorren historia, luchadores, conquistas y luchas pendientes. Danilo le da el marco global que indica que no sólo hay buenas intenciones, sino planes y estrategias para hacer posible los cambios. También sitúa este hoy en la lucha histórica de Artigas y la Redota. “Todo esto sigue siendo la búsqueda revolucionaria del pueblo oriental”. Y mencionó el Plan Ceibal para niños y maestros. Y habló del afecto entre nosotros, del abrazo como forma de ayudarnos en la lucha.
Sube el “Pepe” y como si fuera Obdulio la pone bajo el brazo. “Oleadas de mujeres y de hombres militantes…” “Estamos en una changa para cambiar la historia de nuestro país, no para satisfacer la vanidad de vanidades.” “El Frente es la herramienta.” “Pero no nos podemos enamorar de la herramienta, porque no es un fin en sí mismo.” Y habló de la necesidad de buscar y luchar por los valores. Esa es la verdadera riqueza de un pueblo, de una persona, de “los jóvenes que están acechados por la falopa.” Y habló con la sabiduría y emoción de ese veterano “cascarrabias” que está todos los días al pie del cañón a la hora del laburo y del entusiasmo.
Cerró Jorge Brovetto. Con maestría juntó, como si los conociera de antes, todos los discursos anteriores. Historia, emoción, nombres queridos que hicieron posible estos 37 años, presente y futuro. Sensación de tarea cumplida. Una muestra sentida y consciente de nuestra realidad de hoy. Muy distinta de aquel 1971. Pero hija de aquél y madre de todo lo que vendrá. Porque como dijo el Pepe, “habrá patria para todos. Habrá patria para todos, porque hay esperanza para todos.”
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