La sociedad se organiza y el doctor Lacalle se alarma

Pudimos leer ayer una información proveniente de la sede de la OEA que daba cuenta del discurso que allí pronunció el líder nacionalista Luis Lacalle.

El presidente del Honorable Directorio Blanco se despachó contra las ONGs por considerarlas perjudiciales para la salud del sistema democrático y muy peligrosas para los partidos políticos.

Advirtió el doctor Lacalle sobre el riesgo de que estas organizaciones no gubernamentales se transformen en el eje de la vida política del país porque se destruiría el sistema democrático (sic) en la medida que ello significaría la corporativización de la sociedad.

«Muchas veces vemos que (las ONGs) se están convirtiendo en un instrumento de atacar a los partidos», dijo el doctor Lacalle.

Es de suponer que, descartado el fantasma que ya no recorre el mundo (y que tan buenos réditos había dado a las clases conservadoras para endilgarle la suma de todos los males), los lúcidos dirigentes políticos se hallan abocados a la búsqueda de un sustituto creíble. Don Luis Alberto parece haber abierto el fuego señalando a las ONGs como amenaza visible de nuestra harmoniosa convivencia democrática.

Y es explicable. Todo tipo de organización social que escape al control de las colectividades políticas es percibido como un peligro, pues a través de ellas (ONGs, sindicatos, asociaciones de consumidores, etcétera) la sociedad se organiza y cuestiona el modelo; un modelo agotado, por otra parte.

Y es así que los dirigentes políticos amigos del establishment y aferrados al redituable modelo se alarman sin cuestionarse en absoluto, sin la menor autocrítica.

No se les ocurre pensar por qué razones la sociedad busca otras formas de expresarse y de participar; no se les cruza por la mente la idea de analizar por qué han fallado; porque piensan, sencillamente, que no han fallado.

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