Una sugerencia
Me parece magnífica la idea de celebrar el 26 de marzo de 1971. Enseguida se percibe cuando algo cala en la gente. Fue fundamental el discurso de Tabaré. Porque fue claro, enérgico, estimulante, esperanzador. Nos recordó todo lo que se ha hecho. Muchísimo. Necesario. En muchas áreas clave para el país. Fundamentalmente para mucha gente que lo precisaba a muerte. Las palabras de Tabaré, y la fuerza y el sentimiento con que las dijo, nos revivieron. Estábamos como en una siesta de mucho calor veraniego.
Lo que se hizo por el aniversario semanas antes fue… doloroso. Recuerdo, meses antes de las últimas elecciones, éramos un bostezo. Las elecciones internas marcaron una escasa votación.
Estaba claro que los partidos tradicionales perdían, pero no parecía que el Frente iba a ganar. Incluso a aquellas internas Seregni, ya muy enfermo, decidió ir contra la orden de los doctores porque lo que veía lo preocupaba mucho. Fue su muerte –pocos meses antes de las elecciones– la que nos sacudió. Toda la sociedad se conmovió por lo que había sido la entrega de aquel hombre consagrado a la lucha de su pueblo. Y los frenteamplistas sentimos el compromiso con Seregni, que nos recordaba nuestro porpio compromiso con nuestra vida, con tantos años de lucha, de esperanza, de proyectos. Muchos volvimos a la calle el día que murió Seregni. Porque, además, el General arregló todo antes de irse. Juntó a Danilo y Tabaré y les dijo que la gente los necesitaba juntos, sin fisuras, a muerte, y allí se terminaron los «dimes y diretes» de supuestas desavenencias y rivalidades. Impresionante. Aún recuerdo y me emociono hasta las lágrimas por lo que fue el trayecto por las calles de su féretro. El corazón de la gente, de todas las condiciones y edades, no se equivoca. Y aquello fue un acto patriótico, más allá de partidos. Un Hombre de la Patria era llorado por todo su pueblo. Ese Hombre era el líder de nuestro Frente Amplio. Qué estábamos haciendo. Qué estábamos esperando.
También tenemos lo nuestro
Qué linda historia la nuestra. Tan llena de entrega, de lucha, de sufrimiento. De seres que dieron todo por un ideal de justicia y libertad. Llenos de hechos, fechas, actitudes que nos llenan el pecho por el compromiso asumido por nuestra gente. También tenemos lo nuestro. Uno siempre había escuchado –con cierta envidia– a la gente de los partidos tradicionales hablar de tal o cual caudillo o líder, de tal o cual batalla. Y nosotros parecíamos paridos por una computadora, desconformes con todo lo anterior y sin credenciales a la vista. El tiempo –vaya que sí– hizo su obra. Eso sí, nadie podrá decir que los que eligieron ser frenteamplistas lo hicieron para pasarla bien.
No obstante, de esta rica historia no hay nada de qué arrepentirse. La frente alta, las manos limpias. Y un reconocimiento para alguien que durante todos estos años –inclusive los de la dictadura– se dedicó a juntar cada hecho de la historia de nuestro querido Frente, para volcarla en libros que atesoraran tantas luchas y desvelos. Para Miguel Aguirre Bayley –y en él a todos los que han conservado nuestra historia– el reconocimiento eterno de todos.
Historia, presente, futuro
Miro para la página de al lado y me paro a leer nada menos que a Ariel Collazo, un histórico de la izquierda y del Frente Amplio, convocando a estar presentes el 26. Y me conmueve su entusiasmo sin edad. Y yo que estuve en aquel inolvidable acto, me gustaría que a este fueran mis hijas, y tus hijos, y tus nietos, porque todos queremos que nuestros hijos y nietos sigan teniendo a nuestra patria como el lugar al que quieren, se identifican y luchan para que sus hijos vivan en ella. Y así, si fuera posible, para siempre.
Por todo eso, por muchísimas cosas más, de todos, tuyas, mías, es muy saludable que nos juntemos el 26. Para reencontrarnos con nosotros mismos. Con todos y con cada uno. Con nuestra historia. Con la de tantos que ya no están pero que la hicieron posible. Para reencontrarnos con nuestros sueños de paz y de justicia y de libertad. Que siguen siendo nuestros sueños de hoy. Y nos reencontremos con aquella noche gloriosa. Con aquella muchedumbre asombrada de sí misma. Con aquel estrado impresionante, con Alba Roballo, Héctor Rodríguez, Zelmar Michelini, Juan José Crottogini, Hugo Villar, José Pedro Cardoso, Vivian Trías, Rodney Arismendi, Jaime Pérez, Enrique Rodríguez, Juan Pablo Terra, Oscar Bruschera, Enrique Erro, Hugo Batalla, Arturo Baliñas, Julio Castro, Carlos Quijano, José D’Elía, Luis Pedro Bonavita, Ariel Collazo, Adolfo Aguirre González, Carlos Martínez Moreno y muchos más que en este momento no recuerdo. Y el General Líber Seregni. Y la gente. Fue maravilloso.
Mi sugerencia: colocar una pantalla gigante y pasar la película de aquel acto. Pasar aquel momento nos dará una enorme felicidad a todos los que lo vivimos. Después de todo lo pasado, será mágico comprobar juntos que seguimos aquí. Verlo todos –con los más jóvenes incluidos– será un regalo de la vida para nosotros y un momento inolvidable para ellos. Y si fuera con sonido mejor.
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