Defender el financiamiento de los cambios

El gobierno y la sociedad en su conjunto están siendo presionados por una inercia de acontecimientos de mucho impacto. Los principales provienen del exterior donde se ha precipitado un nuevo embate de la crisis financiera global. Otros devienen de la propia inercia del cambio. Esos cambios son dinámicos y suponen flujos de gastos crecientes. En estos trances es bueno darle una ojeada al calendario y recordar los compromisos que de él emergen. El lunes próximo estaremos a escasas cinco semanas del límite aconsejable para que el Poder Ejecutivo remita al Legislativo su proyecto de rendición de cuentas; el último en el cual se pueden realizar modificaciones presupuéstales de entidad. Recién a partir del lunes nos iremos enterando un poco mejor respecto a cómo se está parando la región y particularmente Brasil frente al nuevo escenario internacional. Abril será el mes, además, de las convocatorias de las amplias mesas de negociación salarial. Ahora abril ha adquirido otra significación en el calendario económico y político 2008-2009.

Nadie sabe realmente cómo terminará de aterrizar la economía norteamericana a un nuevo estadio de estabilidad. Lo que sí se sabe con absoluta certeza es que ese aterrizaje será brusco y que se extenderá a lo largo de un extenso período. En esa perspectiva caben todas las hipótesis y todas las simulaciones de precios relativos que se quieran hacer. Ya no es posible en tanto, ajustar la programación financiera de los dos años que restan de la actual administración con los grados de precisión de estos últimos años. Este no es un dato menor. Aunque las autoridades consideren que es prematuro hablar de estas cosas: es obvio que la financiación del presupuesto nacional ya no tiene las certezas expuestas desde diciembre pasado hasta hace una semana atrás. Hay que saber en tanto que la porción de gasto social comprometido en los flujos financieros de las reformas debe ser blindada y defendida por la sociedad entera con firmeza y responsabilidad. Ello implica discursos, comprensión y, eventualmente también movilización popular. Lo que suceda de aquí en más en materia presupuestal supera la responsabilidad de un gobierno por más mayorías parlamentarias que este disponga. La sociedad debe alinearse en la defensa de un gobierno como ordenador del financiamiento del gasto social ya comprometido sin inventar nuevo en un escenario que puede ser muy crítico.

El primer gobierno de la izquierda ha podido generar el marco adecuado para que la economía pudiera absorber los beneficios y distribuirlos casi en línea de acuerdo a lo que había prometido en su programa. Lo que, afortunadamente, no ha tenido que hacer el gobierno hasta ahora es, precisamente, lo que va a estar obligado a demostrar de aquí en más: su capacidad de administrar en esa línea de compromiso recursos aún más escasos. Eso es una amenaza que se cierne sobre el balance final de este gobierno en una etapa en la cual, su fuerza política de sustentación deberá ajustar su propio proyecto en un marco de reestructuras institucionales importantes. Probablemente en los próximos días ya no el Ministro de Economía sino la Presidencia deberá explicarnos como va a operar el país en las nuevas turbulencias. Dejar que el mercado y la política especulen con todas las posibilidades que comienzan a abrirse sería una temeridad.

Convenientemente asesorado y luego de las consultas necesarias, el presidente Vázquez deberá asumir plenamente su liderazgo y gastar sus créditos personales, si fuera necesario, para marcar e imponer una ruta tan fundamentada como clara en sus objetivos. Uruguay es pequeño y vulnerable pero tiene algunas fortalezas que le pudieran permitir no sólo mantener el cambio en marcha sino sustentarlo sobre bases más firmes aún. El presidente tiene el liderazgo y los créditos abiertos para solicitarle a los uruguayos un esfuerzo mayor. El que, asumido por toda la sociedad, sea capaz de fortalecer los frágiles equilibrios fiscales de hoy. Sin ellos sumaremos al nuevo riesgo externo incertidumbres que no podrán ser manejadas multiplicando de tal manera una especulación mayor y sobre todo, muy cara.

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