Las drogas, ¿se despenalizan?

¿Puede penalizarse y luego despenalizarse una sustancia? ¿A qué denominamos droga? La respuesta formal: «Todo el mundo lo sabe… la juventud está arrasada por ese flagelo…».

Cuando se afirma que hay algo «que todo el mundo sabe» se repite uno de los prejuicios clásicos del imaginario social: ese «todos» es lo suficientemente abarcativo como para que resulte imposible responsabilizar a alguien concreto por dicha afirmación.

Un principio fundamental para trabajar en serio con los adictos reside en aislarlos de cualquier intervención policial y desactivar la legislación dogmática y persecutoria que transformó el consumo personal en un delito.

Al respecto, los técnicos en Derecho ponen de manifiesto no sólo la inutilidad de las detenciones, a cargo de la policía, sino la violencia que las mismas significan para el trato con quienes están necesitando otra índole de acompañamiento.

 

El pharmakon y los venenos

Alguna vez alguien, discutiendo el tema, comentó: «Si se despenaliza la droga los jóvenes se van a volcar en ella…».

Los jóvenes, en realidad, están haciendo otras cosas, tratando de estudiar y de buscar trabajo. (Algunos creen que sólo se ocupan de delinquir y haraganear, lo que ya constituye una definición de quiénes piensan de este modo.) Por su parte, un segmento de adolescentes estrujados psíquicamente por la necesidad de ser admirados y de formar parte de grupos «de avanzada», se sumergen en baldes repletos con basuras alcohólicas cuyo consumo suele conducirlos al coma alcohólico.¿Hay que penalizar al alcohol? La pregunta resulta tan absurda como la afirmación que reza: «despenalizar la droga».

«Pero no va a negar que la droga es veneno.» Interesante el perfil cultural de quien lo afirma. Droga es una palabra de origen latino que se empezó a utilizar con ese significado en 1582 e inicialmente, en los años 1220 a 1250, se escribía «avenino».

Ese significado funciona juntamente con la expresión que los griegos socráticos y los latinos denominaban pharmakon, sustancia que es capaz de matar y de curar. Palabra de la cual derivan farmacia y farmacopea, de manera que no es tan sencillo mantener una sola interpretación malevolente de la palabra. De allí que se utiliza la expresión sustancias y no «drogas» cuando queremos pensar cuidadosamente.

 

La encerrona semántica

¿Cómo se supone que se podría condenar y sancionar una sustancia? «¡Ah no! Se entiende que no se refiere a sancionar a la droga sino a la gente que la vende y a quien la consume…» Esa es la trampa que permitió la creación de una legislación represiva destinada a convertir en personas castigadas a quienes por algún motivo eligieron un arriesgado «alivio» en el uso de sustancias.

Al generalizar el sentido de la palabra «droga», utilizada de manera incorrecta, en realidad se apunta a sancionar a los consumidores pero sin decirlo abiertamente, escamoteando el afán de encontrar un chivo expiatorio para justiciar y explicar determinados problemas y peligros sociales. Caracterizar a un consumidor como sujeto que amerita ser castigado es lo mismo que decirle: «Te sancionamos porque sos la representación del delito y del peligro social. Sabemos que para ordenar esta sociedad corrupta, en la cual, además, todos somos víctimas de la inseguridad, lo mejor es meterte preso o marcarte con una sanción jurídica para que tengas miedo, vergüenza y se te reconozca culpable, partícipe voluntario de la destrucción de las buenas costumbres. Judicializándote tendrás que asumir tu culpabilidad y pecado y darte cuenta de que sos un vicioso, diferente de nosotros que no usamos drogas; ustedes, los drogadictos, han estropeado a esta sociedad que entre todos tratamos de construir».

Plantearlo tan claramente evidenciaría la perversidad ­necesidad de dañar al otro­ de quien de este modo lo piensa y lo siente. Como manera de encubrir la necesidad de encontrar a alguien responsable por determinadas transgresiones y delitos, la «droga» aporta el argumento mayor para desembarcarse de las propias responsabilidades sociales. Proyectar en quien consume sustancias, cualquiera que ella sea, la maldad del mundo e intentar subsanarla mediante una legislación que ha demostrado su fracaso, reclamaba una apertura ajena a la hipocresía cotidiana y admitir que aquellos, cuya patología psíquica los ha conducido a buscar sustancias, engañados acerca de las ventajas que obtendrían, constituyen un núcleo de responsabilidad social. Corresponde empezar por estudiar esa patología o esa desesperación existencial o la búsqueda coyuntural de placer.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje