Soluciones para un mundo desigual
No tenemos soluciones mágicas, porque el mundo está bien complicado, sobre todo en este momento en el que, probablemente, estemos entrando en una crisis de nuevo tipo, la crisis financiera. Cada día crece la desconfianza sobre el sistema financiero, que es el alfa y el omega de todo.
Lo que llamamos globalización es en realidad un mecanismo financiero, tiene consecuencias en sectores industriales y en la vida cotidiana, pero globalmente es un mecanismo financiero, que está dando muestras de estar averiado. Esto confirma las críticas que venimos haciendo desde el movimiento altermundialista sobre el carácter irracional del sistema financiero. En algún momento algo va a terminar por quebrar, con las consecuencias que esto puede traer. Ya lo estamos viendo, por ejemplo, en España, con la crisis del ladrillo que, directamente, está ligada a este asunto. Hemos pasado de un sistema en el que había mucho capital, en el que prácticamente se regalaba a tasas de interés muy reducidas, en el que los bancos incitaban a comprar y endeudarse, a una situación en la que no hay crédito y no se presta a nadie. Eso para las familias es grave, pero sobre todo, lo es para las empresas, que no pueden invertir y tienen que vender. Hay grandes grupos que están endeudados, porque todas estas fusiones se han hecho a base de endeudamiento, que ahora no se puede pagar. En este momento no sabemos cuáles son los sectores bancarios que van a estar en dificultad. Pasamos desde los bancos a los seguros y, ahora, a los fondos, que antes eran garantías y empiezan a estar en crisis. Esto demuestra que la crítica que se hacía sobre la globalización, que no se puede apostar todo por el movimiento financiero, sigue estando fundamentada. En este punto, además, hay que plantearse quién asume el crecimiento. Estados Unidos que es la locomotora de la economía mundial va a disminuir su velocidad o a entrar en recesión y el problema es quién asume el papel de locomotora. Europa muy poco, porque también va a decrecer.
Toda la esperanza está ahora en que China, India, Corea del Sur asuman esta función. El problema es que con la globalización todas las economías están interrelacionadas. Si Estados Unidos deja de importar productos chinos, su economía también va a sufrir. Por eso, creo que hoy más que nunca se necesita repensar en el modelo económico que hemos establecido. Nosotros habíamos propuesto toda una serie de soluciones. La más conocida de ellas es la Tasa Tobin, y hoy vemos que es algo necesario, indispensable, a pesar de que hay movimientos de crecimiento, por ejemplo, en América Latina o Africa, donde la situación no es tan desesperada como hace quince años, gracias al valor de las materias primas.
El juicio que dice que el capitalismo tiene recursos para sobrepasar cualquier crisis es cierto. Tiene una capacidad de adaptación y una energía regenerativa muy espectacular. Eso nos debe llevar a cierta prudencia. Por eso, en el movimiento altermundialista nadie dice que vamos a asfixiar el capitalismo en seis meses. Eso se podía soñar en el siglo XIX, cuando era un capitalismo industrial relativamente sencillo y los patrones estaban identificados. Hoy no hay identificación, es un sistema. Un sistema que funciona así, al cabo de un tiempo, no se sostendrá. Esta crisis, en cierta medida, es salubre, porque significa que el cuerpo económico general ya no puede soportar tanto virus.
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