Soberanía, paz e integración

El viernes 7 de marzo, en la Cumbre de los Presidentes de Río, se alcanzó una salida amistosa al conflicto que habían mantenido desde el 1º de marzo cuando el Ejército colombiano invadió y bombardeó territorio nacional ecuatoriano, lo que tuvo como resultado la masacre de veinticuatro ciudadanos, entre ellos miembros de las FARC, entre los que estaba el segundo hombre más importante, Raúl Reyes.

Previamente, la firme posición ecuatoriana obtuvo la solidaridad de los países latinoamericanos, que se expresó en la Reunión del Consejo Permanente de la OEA, el 5 de marzo del año en curso, en donde se ratificó una trascendental e histórica Declaración a favor del «principio de que el territorio de los Estados es inviolable y no puede ser objeto de ocupación militar ni de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente, cualquiera fuera el motivo, aún de manera temporal».

El gobierno del presidente Uribe ha esgrimido dos argumentos ajenos a nuestra idiosincrasia: la legítima defensa y la persecución en caliente. En un comunicado oficial el canciller colombiano, Fernando Araujo, justificó el ingreso de sus tropas a Ecuador porque «fue indispensable para registrar el sitio donde recibieron disparos y al cual atacaron». El gobierno del Ecuador comprobó que el «ataque aéreo y terrestre dejó veinte y cuatro fallecidos en territorio ecuatoriano, casi todos en ropa de dormir, lo que descarta cualquier versión en el sentido de que fue una persecución ‘en caliente’ y en ‘legítima defensa'». «Fue una masacre», señaló el presidente Correa.

Colombia acusa al gobierno del Ecuador de haber mantenido conversaciones con Raúl Reyes. No obstante, no dice lo mismo del canciller francés, Bernard Kouchner, quien califica de negativa la muerte de Reyes porque él era el contacto con quien negociaba para liberar a Ingrid Betancourt. En declaraciones recogidas por la AFP, Kouchner señaló que «son malas noticias el que el hombre con el que estábamos hablando, con el que tuvimos los contactos, haya sido abatido». Pareciera que al gobierno colombiano le desagradan los esfuerzos que se hacen en pro de la paz y de la liberación de los rehenes.

 

Es inaceptable para el Ecuador y para la integración de América Latina y el Caribe, que se intenten imponer como práctica en las relaciones entre los países hermanos, doctrinas guerreristas ajenas y que acepten violaciones a las soberanías nacionales que atentan contra el derecho internacional público y humanitario.

El gobierno de Colombia desde hace varios años ha pretendido involucrar al Ecuador en una solución, que busca regionalizar la solución militar a su problema interno. El Ecuador no ha aceptado, ni aceptará involucrarse militarmente en los asuntos internos de Colombia. Por el contrario, Ecuador ha efectuado propuestas pacíficas que procuren una solución dialogada, ha propuesto mecanismos de cooperación para atender a las poblaciones limítrofes de los dos países, pero no está dispuesto a aceptar que su soberanía sea violada, que sea intervenido con el uso de fuerzas extranjeras. El Ecuador siempre exigirá respeto y llegará, como ha señalado el presidente Correa, hasta las últimas consecuencias.

 

Una señal inequívoca de la política pacífica del gobierno del Ecuador, del presidente Correa, es la búsqueda de la paz mediante el diálogo en cualquier escenario internacional, como la OEA, la CAN, el Mercosur, el Grupo de Río, entre otros, para que Colombia se comprometa a realizar acciones pacíficas y sobre todo a cumplirlas.

La violencia interna de Colombia durante sesenta años, la existencia de las FARC desde hace más de cuatro décadas, el fuego entrecruzado que viven poblaciones y personas en ese país entre el Ejército y la Policía colombianos, las fuerzas derechistas paramilitares, las organizaciones del narcotráfico y las fuerzas irregulares de las FARC no son responsabilidad del gobierno y el pueblo ecuatorianos. El cuidado de la frontera binacional constituye una responsabilidad compartida. Me pregunto: ¿El cuidado deficiente de Colombia de su frontera obedece a una incapacidad para defender su soberanía o a un plan deliberado para involucrar al Ecuador en una solución militar a su conflicto interno?

 

El problema humano que gravemente vive Colombia y gran parte de la humanidad estará en camino de resolverse cuando prevalezcan los derechos humanos y la paz sobre las fuerzas guerreristas, que se sustenta en: la desocupación, la pobreza, el analfabetismo, los bajos niveles educativos, la concentración excesiva de la riqueza, la desigual e inequitativa distribución del ingreso y la falta de contribución al mejoramiento de las condiciones de vida y desarrollo humano de las comunidades y de los países. El dilema está entre acabar con la pobreza o acabar con los pobres.

Ecuador responsabiliza al presidente Uribe de las consecuencias de estos actos. El futuro dependerá de las acciones que emprenda el gobierno colombiano, de los compromisos que asuma y de un cabal cumplimiento de los mismos. El gobierno del presidente Correa no cesará en aclarar mentiras y tergiversaciones cada vez que éstas ocurran.

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