Canadá ajeno a un drama de uruguayos
En uno de los países que se cuentan entre los paladines en materia de legislación social, hay un hecho que involucra a un matrimonio uruguayo y sus dos hijos, que en los últimos tiempos ha acaparado la atención de cierto sector de la prensa, enfrentando incluso a una conocida periodista de televisión con el mismísimo primer ministro. Por ahora nos reservamos el derecho de no ventilar los nombres de los integrantes de esta familia uruguaya que, desde 2001 y en base a un estatuto vigente para cierto tipo de refugiados, residen en Toronto donde el jefe de familia trabaja e incluso vive en una propiedad en los suburbios de la importante ciudad que adquirió con su trabajo.
El matrimonio uruguayo cuando decidió emigrar hacia el gran país del Norte, lo hizo debidamente autorizado a entrar por autoridades de inmigración de dicho país y en base a una exposición de motivos que, oportunamente, fueron aceptadas por el gobierno canadiense. Han pasado más de siete años, el comportamiento observado por los uruguayos nunca mereció reparos de ningún tipo y reiteramos, el jefe de familia trabaja y gana un salario que no sólo le ha permitido mantener a los suyos sino que, además, ha podido con sus ahorros adquirir la propiedad en la que vive.
Ahora bien, desde hace algunas semanas, dicho matrimonio y sus hijos han sido notificados que inevitablemente el día 13 de marzo de 2008, deberán dejar Canadá. En la decisión, criticada duramente por la periodista que asumió la defensa de aquellos, no se ha tenido en cuenta un hecho que verdaderamente llama la atención: si bine el hijo mayor de 11 años es uruguayo y viajó junto a sus padres en 2001 cuando contaba tres años de edad, hay un segundo hijo nacido en Canadá que hoy día cuenta con 5 años de existencia pero además, nació con Síndrome de Down. Aún así, con este hecho que de por sí debería merecer la atención especial de las autoridades canadienses, el matrimonio sin que se tenga en cuenta para nada la condición del hijo menor, que por otra parte es nacido en Canadá será obligado a abandonar el país.
La «solución» que se propuso al matrimonio de uruguayos es que «si lo desean el niño Down por ser canadiense, puede quedar en el país». Una sugerencia que por lo inhumana y fuera de lugar no deja de causar tanto asombro como indignación.
Los tanteos que según sabemos se han hecho a nivel de la Cancillería uruguaya, no han encontrado eco alguno. Es más. Según los protagonistas se les ha dado a entender que justamente la política actual del Uruguay en materia inmigratoria tiende a que «los uruguayos vuelvan al país». Otro absurdo, de ser cierta esta información dado que la pregunta surge sola: ¿un matrimonio de algo más de 30 años, con un niño de 11 años y otro con Síndrome de Down de 5, qué perspectivas pueden tener en nuestro medio, tratándose de gente con apenas preparación secundaria completa y sin ninguna especificidad? Por otra parte, todos sabemos el cuidado especial que requiere un chico afectado por el problema Down, y con las distancias considerables que hay entre el tratamiento y educación de un país de primer mundo como Canadá y el nuestro dejado en estado ruinoso en materia de salud y educación por recientes gobiernos.
El 13 de marzo de 2008, indefectiblemente, esta familia uruguayo-canadiense deberá abordar un avión que los traiga de vuelta a Uruguay. Tanto para los padres como para los chicos, queremos pensar cómo se les torna el futuro.
Pero queda una remota esperanza y una pregunta latente: ¿tan difícil resulta para un país como Canadá resolver este caso en el que por sobre una ley fría y cruel, hay un niño de su propia nacionalidad en el que salvo sus padres, nadie repara? Pensamos que a una semana escasa del hecho, alguien todavía por sobre la ley, puede pensar con el corazón.
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