Ayer fue un gran día
Con firmeza, pero con una paciencia infinita, Ecuador ganó la pulseada con Colombia y logró que la OEA aprobara una resolución que reafirma el principio de que el territorio, que tienen todos los Estados soberanos, es inviolable.
El Consejo Permanente de la OEA resolvió que el operativo bélico colombiano del fin de semana en suelo ecuatoriano «constituye una violación de la soberanía» de Ecuador, según el texto de resolución aprobado por aclamación.
«Hemos alcanzado este consenso que reivindica el principio de la inviolabilidad de los Estados, y garantiza que nunca más un país, bajo ningún concepto, atente contra dichos principios», resaltó.
«Considero que este día la OEA ha superado una prueba histórica, pues éste es el organismo llamado a velar por la soberanía (de los países)», agregó la canciller, al tiempo que afirmó que Ecuador «rechaza el uso de la violencia por ser un país de paz».
Previo a esta resolución, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, había mostrado su satisfacción por el apoyo «incondicional» que ha recibido de los gobiernos de América Latina.
Ahora le toca una «tarea difícil» al secretario general de la organización, el chileno José Miguel Insulza, quien presidirá una comisión que visitará ambos países.
Esa comisión deberá elaborar un informe que será estudiado por los ministros de relaciones exteriores en una reunión extraordinaria a realizarse el 17 de marzo.
Con este hecho, la OEA ha recobrado su prestigio internacional, porque es la primera resolución trascendente que asume desde que, en la década del 60, expulsó de sus filas a la Cuba de Fidel Castro.
La actitud de la OEA muestra que hay una nueva realidad política en la región, gracias al triunfo de las fuerzas progresistas en distintos países.
Los que apostaron a que con el progresismo y la izquierda en los gobiernos se iban a agudizar los peligros de la guerra, han perdido una de las grandes batallas que es identificar a los gobiernos progresistas con la inestabilidad y la violencia.
Colombia y el presidente Alvaro Uribe quedaron solos, expuestos como los responsables de una política agresiva que no puede tener lugar en un continente que avanza, que se desarrolla y que comienza a doblarle la mano a la pobreza y a la indigencia, todo en el marco de la institucionalidad y de la democracia.
El día de ayer será recordado como un gran día, porque quedará en la historia como una gran jornada a favor de la paz y de la hermandad Latinoamericana.
Pero esa paz habrá que cuidarla, mimarla y protegerla, con acciones valientes e inteligentes que permitan liberar a los rehenes de las FARC y de los grupos utraderechistas afines al gobierno de Uribe.
La liberación de Ingrid Betancourt debe ser ahora, para todas las fuerzas y gobiernos pacíficos, tarea prioritaria. Con la reciente agresión de Colombia a Ecuador ha quedado claro que son Uribe y la Casa Blanca los únicos que quieren que el odio y secuestro sigan siendo parte permanente del paisaje colombiano.
Es de esperar que con cautela y firmeza, se vaya desmantelando en Colombia, la política confrontativa que ya lleva demasiadas décadas escondida en la selva y las ciudades.
Latinoamérica tiene que colaborar para que el hermoso país de Gabriel García Márquez recobre la luz de la esperanza, porque comienzan a darse pasos de una salida civilizada y en paz.
Es de esperar que el presidente Alvaro Uribe y las FARC no cometan el error de la intolerancia y de la soberbia.
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