"Los pichis les ganaron a los viejos"
El comentario fue realizado por un soldado de guardia en el Penal de Libertad, en la madrugada del primero de diciembre de 1980. Muchos prisioneros políticos se enteraron –a través de él– cuál había sido el resultado del plebiscito constitucional de la víspera. Pichi era el mote despectivo con que se designaba a los presos. Los viejos, obviamente, eran los oficiales.
El jueves último se cumplieron 20 años de una fecha tan grata para el conjunto de los uruguayos. Y fue recordada especialmente por algunos medios de prensa –entre los que destaca LA REPUBLICA— e ignorada por otros.
No es para menos. Fue la primera oportunidad que tuvo cada uruguayo que no estuviera preso o perseguido, de opinar respecto del régimen dictatorial que nos habían impuesto el 27 de junio de 1973. Y el pronunciamiento fue categórico en cuanto al rechazo del régimen impuesto. Está bien, entonces, que muchos identifiquen el plebiscito constitucional de 30 de noviembre de 1980, como el principio del fin de la dictadura.
Sin embargo, yo creo que un solo hecho no alcanza para tirar abajo un régimen que se impuso en medio de una ola antidemocrática en todos nuestros países, con la complicidad y aliento del gobierno de los Estados Unidos. Por eso, agrego, es necesario recordar siempre que el 30 de noviembre tuvo unos antes y unos después.
Entre los antes, quiero poner en primerísimo lugar la huelga general –de quince días de duración– convocada por la vieja CNT a partir del mismo 27 de junio y que tuvo su punto culminante en la manifestación ocurrida en la tarde del 9 de julio, en la avenida 18 de Julio, con la convocatoria conjunta de la central sindical y los partidos políticos Frente Amplio y Nacional. Como se narraba en una muy jugosa crónica de este diario el jueves último, la campaña por el ‘no’ en el plebiscito, comenzó con esa huelga.
Entre los después, me permito recordarle la respuesta del movimiento sindical aceptando el desafío de la ley de asociaciones profesionales en 1981, con la consigna de «no hay que esperar hasta que aclare, sino ayudar a que amanezca» que impuso la primera asamblea sindical de ese período, realizada por AEBU. Agrego la creación del PIT en la víspera de la conmemoración del primero de mayo de 1983, que fue seguida por la semana de los estudiantes convocada por la Asceep-FEUU en el mes de setiembre, y el río de libertad del 27 de noviembre del mismo año. Y culminó, simplemente, con el paro general del 18 de enero de 1984, convocado por el PIT-CNT, que constituyó la última acción de represión generalizada del régimen dictatorial.
En todas esas ocasiones estuvo el movimiento sindical organizado en torno a su central única. A veces, en solitario; otras, acompañado por otras organizaciones políticas o sociales.
Ese accionar permanente en defensa de la democracia y las libertades públicas acumulado por los trabajadores de nuestro País, quiere ser ignorado hoy por la prédica aturdidora de la globalización y el libre mercado, que provocan el crecimiento de la desocupación, la caída del salario y la desprotección social.
Para quienes adhieren a esa práctica, la desvalorización social del movimiento sindical es una condición imprescindible. Porque cuanto más débil esté el que se opone al retroceso social, más rápido y mejor será el camino de ese retroceso.
Me pareció conveniente poner a consideración estas reflexiones que quizás puedan parecer muy obvias para algunos amigos y compañeros, y que yo sintetizo de esta manera: nunca es suficiente lo que hagamos para reforzar la mejor herramienta que elaboramos los trabajadores; siempre hay que dar un paso más, todos los días.
* Militante del Frente Amplio
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