El diálogo político
Etapas de un proceso: luego del balotaje, el Batlletaje
«Los enemigos de mis amigos son mis enemigos»
Luego de las entrevistas iniciadas por el «novísimo presidente Batlle, le llegó el turno a Tabaré. Como representante de la primera fuerza política de este «país partido en dos», que es el EP-FA.
La misma, según la versión que tenemos de primerísima mano tiene dos aspectos fundamentales a evaluar.
El primero, es el meramente protocolar. En este aspecto, la proverbial habilidad y locuacidad cuasi-humorística de Batlle, seguramente habrá hecho de la reunión de los dos «cabezas» más importantes del país, un acontecimiento distendido y hasta disfrutable. No obstante creemos necesario destacar especialmente que no deben quedar, del contacto protocolar, mensajes confusos, que hagan pensar por un instante, que puede haber algún tipo de connivencia posible entre dos tipos absolutamente antagónicos de visiones del país. Más allá de la efusividad del abrazo (¿del «oso»?).
Pero lo que importa es el fondo de la cosa, no confundiendo el aserrín con el pan rallado.
La primera afirmación a la que nos queremos referir es la que tiene que ver con la brindada por Batlle en el sentido de que «no descarta que en algún momento el gobierno del país queda en manos del P. Colorado y del FA».
Este es un mensaje, también dirigido al lacallismo, en el sentido de que «no tiren demasiado de la cuerda» en el tema del reclamo de cargos…
Al mismo tiempo habilita una «esperanza» en el «partido opositor» de poder cogobernar, cosa que debe haber dejado gratamente impresionados a más de cuatro dirigentes frentistas…
Pero desde el pique, no nos engañemos…
No existe ningún punto de contacto entre el programa continuista del presidente y su equipo y la propuesta del Frente Amplio.
Ningún punto de contacto
Es lógico que, en lo protocolar, no debemos decir a priori, so pena de ser considerados como prejuiciosos, que no podemos coincidir.
Si el partido de gobierno se equivocara y dejara de lado su política antipopular, prooligárquica y hambreadora, y planteara algún atisbo de medidas a favor de los más desposeídos, es obvio que contaría con los votos del FA.
Ello no requiere ningún diálogo ni pacto político. Eso está en la tapa del libro. Otra cosa es pensar que el gobierno y el FA puedan transitar juntos en el camino de otra «gobernabilidad».
Porque si eso se diera, nadie entendería nada. ¿Acaso estamos todos locos? ¿Para qué estuvo la feroz propaganda política exacerbada por la desleal prensa mal llamada «grande» (en especial la TV abierta)?
Eso supondría que el FA debería estar dispuesto a avalar la política antipopular que significa este segundo (¿o tercer? ¿o cuarto?) plato de sopa desleída que nos ofrece el gobierno continuista «coloranco».
Mientras este gobierno «antecesor», sigue despedazando al valiente y solitario sindicato de empleados de Gaseba, donde con el despido de la plana mayor de sus dirigentes, está en juego nada menos que el futuro despedazamiento sindical del país, el nuevo pone en su plana ministerial y directriz, entre otros, al testaferro de la banca privada, nada menos que como ministro de Economía, y para dirigir el BROU a un conspicuo dirigente de la Asociación de Bancos privados.
Como vemos, no queda ninguna chance de coincidencias.
Claro que, en su tradicional veta de honestidad. Tabaré no le puede decir a Batlle, a priori, que no está dispuesto a dialogar. Pero lo primero es definir a que tipo de diálogo nos estamos refiriendo.
Otra cosa muy distinta es que este dispuesto a pactar alejándose de la línea del FA. Esto es impensable.
No precisa ser de esos malos augures, de ultraizquierda, a los que se refirió un informativista de radio, cantando desde ya loas a la propuesta de Batlle de diálogo político.
Basta tener un mínimo de olfato político para saber, ya, a priori que esto no va a caminar. Ni qué hablar de que no podemos olvidar las propuestas de diálogo (¿o pacto?) social. Propuestas por el actual gobierno y los que lo antecedieron, con respecto a las relaciones con los trabajadores y el PIT-CNT. Sin ir más lejos, la política de la ministra Piñeyrúa ha sido la clásica de la boxeadora que agarra con una mano, mirando al juez mientras pega con la otra.
El ofrecimiento de diálogo social de estos últimos años ha tenido como único objetivo, crear una falsa sensación de posible entendimiento, que ha logrado en cuanto a la central obrera, desmovilizar o atenuar la capacidad de lucha y enfrentamiento de los trabajadores.
Y nada más. Ni nada menos.
Siguiendo con la entrevista, ha quedado muy en claro que no habrá para el EP-FA, ofrecimiento de cargos en los EEAA y SSDD.
Era de suponer y además pensamos que es beneficioso. No debemos «adornar» con nuestra presencia ningún ámbito en el que el gobierno actuará, seguramente, aplicando su única y conocida política. Llevando más confusión a la ya confundida gente.
La esperada respuesta negativa elimina cualquier otra elucubración que en otro sentido se hubiere intentado. Liquidando cualquier otra expectativa inorgánica que en la esfera de otros grupos a la interna del FA se hubiera alimentado.
En lo que sí estamos claramente en desacuerdo, es en la propuesta de «crear comisiones interpartidarias» para tratar, por fuera de la orgánica parlamentaria, temas de relevancia como Mercosur, posición ante el Nafta, seguridad ciudadana, etc. Esta propuesta, en caso de ser llevada a la práctica, no hace otra cosa que debilitar el papel que tiene que tener el Parlamento, de lugar de debate y caja de resonancia en la opinión pública de todos los planteos de iniciativas legales. Flaco favor le hace a un Parlamento ya debilitado, que los temas se planteen entre cuatro paredes ajenas al Palacio Legislativo. Ello redundaría en favorecer que el fuero parlamentario se transforme cada vez más en un lugar donde se va sólo a votar, con posiciones preasumidas al entrar en sala, omitiendo la discusión base de la democracia parlamentaria y la difusión de los temas y problemas ante la opinión pública que dicho acto conlleva.
En resumen, una entrevista que en lo formal, se caracterizó por la distensión que el gracejo de Batlle hacia suponer, y que en Tabaré es proverbial.
En el contenido, algún planteo protocolar de contactos que habrá que esperar para ver si se cumplen en la realidad. Y nada más.
La cuestión sigue siendo, como con Artigas, entre la oligarquía y el pueblo.
Salvo que los dirigentes del FA abdicaran de sus principios que motivaron su creación, aquí no hay posibilidades de futuro, más que aquellas que permitan que el salvajismo de una campaña electoral desleal y agresora deje paso, con el mínimo de heridas abiertas posible, a una necesaria convivencia en los ámbitos donde ésta se vuelve imprescindible.
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