La enfermedad senil
La ideología burguesa, pasada su juventud revolucionaria, con sus diversos matices, se ha vuelto reaccionaria y autoritaria. Y las fuerzas políticas de izquierda no son inmunes a su contagio.
Las visiones ideológicas correspondientes a las clases populares, también con matices, primero deliberan, aprueban y después, eligen a sus mejores defensores, o en el plano político-electoral, a sus candidatos. A contrapelo de lo que sucede en las filas del tradicionalismo reaccionario, donde `servidores` del bien público se despiden de sus colectividades políticas para postularse por cuenta propia, sin que ni ellos ni nadie sepan cuales son las diferencias.
El Congreso del Frente Amplio -que ha pasado a cuarto intermedio- ha ratificado posiciones antiimperialistas. De indudable trascendencia es lo resuelto, primero por la comisión de inserción internacional y luego por el mismo Congreso: no al TLC, sí al Mercosur, no al ambiguo `regionalismo abierto’ , sí apoyo a las experiencias de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba.
El Frente Amplio debe terminar estas deliberaciones y aprontar concienzudamente el debate programático. Si, como es dable espera, el Congreso mantiene pronunciamientos antiimperialistas, cae de maduro que los candidatos para un futuro gobierno deben ser dignos defensores de esas posiciones.
Pero la enfermedad senil del autoritarismo coloca al carro delante de los bueyes. Es lógico: el Congreso del Frente rechazará la postulación de candidatos defensores de un TLC con EEUU, ‘amigos’ del imperialismo, que hacen buena letra frente al bloque de poder del gran capital.
La prensa de derecha alienta la danza de nombres. Es una manera disimulada de restar entidad al programa, a la participación de los frenteamplistas en su elaboración y aprobación, y por la vía de ignorar su importancia, de dar pie para que los candidatos ignoren también al programa, al mejor estilo de los partidos tradicionales. Es la vía que tienen para inventar nombres y fórmulas alejados del sentir de los delegados al Congreso.
El Frente Amplio tiene abundancia de buenos candidatos. Adelantarse a quienes lo serán, continuar largando nombres, es la expresión más acabada de decadentismo. Por eso, tan saludable como precaverse de la enfermedad infantil del `izquierdismo’ -que confunde gobierno y poder, que no analiza ni clases sociales ni sus correlaciones- es preciso precaverse también de la enfermedad senil del autoritarismo, tan opuesta de las mejores tradiciones del movimiento obrero y popular y tan propias de quienes se comprometen con embajadas, logias, universidades privadas o cámaras patronales, y al hacerlo se alejan de las aspiraciones populares.
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