Siguen sin entender a la izquierda

Una de las características que marcó el continuo ascenso del Frente Amplio en la consideración pública fue la incapacidad de la derecha del país para entender el pensamiento y la forma operacional de la izquierda uruguaya (en esta ocasión dejemos de lado la justeza de las propuestas y la credibilidad que se fue merecidamente ganando).

¿Por qué lo decimos? Porque el no saber interpretar ni el planteo político ni su forma de relacionamiento interno, dieron pie a que en ningún momento pudieran enfrentarla correctamente, es más, también catapultaron la propuesta de la izquierda.

Si alguien duda de estos conceptos no hay más que cotejar números para corroborar el importante ascenso de cada período electoral, y si uno busca en los archivos de la memoria, difícilmente recordará el antídoto que utilizó la derecha para impedir el ascenso imparable. Ajustemos esta afirmación, antídotos existieron, solo que no cumplieron su fin, más bien operaron como catalizadores.

Llegado el Frente Amplio al gobierno, en estos tres años hemos sido testigos de dos tácticas: por un lado el Partido Nacional recurriendo insistentemente al llamado al Parlamento a los ministros a dar explicaciones (luego de agotar el eslógan: qué les dijimos, no saben gobernar, no entienden nada!!), y por el otro, usando y abusando de la enorme capacidad de acceso a los medios de comunicación que disponen.

Pero no se trata solamente de instrumentos, con disponer de una trompeta no alcanza, hay que saber qué hacer con ella y además utilizarla en el momento adecuado.

Pasado el «no saben nada», incursionaron en «miren cómo discuten entre ellos» y el » cada uno piensa diferente a los demás». No pudieron apelar al mecanismo de la corrupción (salvo en un solo caso) y culminaron en «no se ponen de acuerdo, se están matando para ver quién es candidato a presidente de la República».

Y eso ha sido todo. Salvo algún chispazo del Dr. Luis Alberto Lacalle, se podría decir que no ha existido oposición con ideas, con propuestas diferentes, serias (¿ya nadie recuerda al diputado nacionalista de Paysandú que propuso que las ciudades cambiaran la hora y el campo quedara con la hora natural?, ¿o al diputado que cuando el gobierno decidió regalar a todos los hogares un par de bombitas de bajo consumo él discrepó y sostuvo que tenían que ser cinco?).

En realidad, era mucho más difícil gobernar cuando el Frente Amplio era oposición, porque existían ideas, propuestas y un acercamiento muy grande a las necesidades populares.

El PN ha basado todo en el agravio, el desprecio, el ninguneo y la defensa de los intereses de los mismos pocos para los que gobernaron.

Pensemos en la campaña contra el canciller Reinaldo Gargano. Se dijo de todo contra su gestión: que era un títere, que era un fósil, que no decidía nada, que tenía ideas perimidas. Sin embargo, el nuevo canciller ya anunció que continuará la misma política y, sobre todo, en los temas fundamentales que se vivió en esta área (Gualeguaychú, TLC con EEUU, no irse del Mercosur, apoyo a Venezuela, etc.) Gargano fue apoyado por el presidente Vázquez.

Lo que ha quedado claro hasta el momento, es que así no se hace oposición y que si no están absolutamente desprestigiados deben agradecerlo a que cuentan con un respaldo mediático que logra limar los errores más gruesos y se preocupa por encontrar carencias, errores, limitaciones (que los hay como en todo lo que realiza el ser humano) en la práctica del gobierno.

Ese acuerdo tácito entre oposición y gran parte de los medios de comunicación ha logrado amortiguar el gran desconcierto de la oposición. Naturalmente que no les diremos cómo se debe encarar a la izquierda, que lo descubran ellos, pero, a medida que comienza un período de actividad político-electoral, les va a costar mucho ponerse a rueda. Son demasiados los puntos a favor con que arranca el gobierno entre la población, es un cambio importante el que se ha operado en el país en lo que más duele: trabajo, sueldos, protección en la salud, protección a los jubilados, a los niños, generación de más riqueza sin apelar a «expropiaciones, comunismo, Estado dirigista, control de precios, etc., etc.». Y para colmo, de a poco estamos descubriendo que no es verdad que somos el país que más paga impuestos y que en el resto del mundo los sindicatos y los sindicalistas son respetados y tenidos en cuenta ( tienen derechos).

La derecha estigmatizó a la izquierda. No le ha ido bien.

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