Escrito por: Por Susana Andrade
Tremendo tema el de los hurgadores de residuos y sus carros en el tránsito montevideano.
Para prevenir riesgos de graves accidentes es urgente e imprescindible adecuar el comportamiento de tales trabajadores en el transcurso de sus tareas a las normas que ordenan la circulación.
Mientras existan y sean testimonio viviente de nuestra incapacidad para erradicar la pobreza extrema, deberán entender que no pueden exponerse ni exponer a los demás a sufrir pérdidas irreparables por no respetar reglas que brindan mínima seguridad.
Obviamente el problema de injusticia social es el que ofende la moral popular: porqué unos viven de la basura mientras otros tienen el gran dilema de administrar fabulosas cantidades de bienes y dineros. La esperanza es que no aumente el número de clasificadores y que tienda a desaparecer esta y cualquier forma de subocupación para los habitantes de nuestro país.
Volviendo al asunto de las malas costumbres viales que no deben permitirse a nadie, quiero hablar de la gran mayoría de los conductores de bicicletas. Este birrodado usado para recreación o a manera de ahorro, letal por su impunidad, excepcionalmente respeta un semáforo o un flechamiento y comete una gama sin fin de infracciones por no decir atrocidades, arriesgándose a sí mismos y a los demás. Los señalamientos y las leyes de ordenamiento del transporte parecen no existir para la mayor parte de los que se desplazan en bicicleta.
Ya que no pagan patente ni tienen libreta de manejar -requisito que opino deberían cumplir para andar entre los autos por la calzada- sería al menos paliativo aplicar un modo de penalización riguroso y ejemplificante como contención a su endémico descontrol en las calles.
Es espantoso ver cómo burlan normas de tránsito continuamente, actuando como choferes o peatones según les venga en gana. Ruego que se vigile con mayor rigor y si existen medidas de castigo -tengo entendido que les cabe la requisa del vehículo igual que a los carros- las autoridades las pongan en práctica ya que quienes cometen tales faltas se parecen mucho a inconscientes y peligrosísimos agresores.
Tal vez en Uruguay sea muy lejana la posibilidad de tener carriles especiales para bicis en las avenidas, pero al menos que tengan frenos adecuados, elementos lumínicos que permitan distinguirles adecuadamente y respeto a la normativa prevista para cuidarnos a todos.
Uno de los fines de la reciente legislación es proteger la vida humana y la integridad psicofísica de las personas y contribuir a la preservación del orden y la seguridad públicos. ¿Tenemos una flamante y elaborada ley de tránsito para que los ciclistas hagan de ella pito catalán?
Cuando mi hijo mayor era pequeño de brazos, nos envistió una bicicleta a contramano que además no paró por la luz, intentando cruzar 8 de Octubre a la altura de Gobernador Viana sin estar habilitado y contraflecha.
Por misericordia de Dios pude salvar la cabeza de mi bebé de impactar contra el duro cemento cuando caímos los dos, él a upa mío, lo que tal vez hubiera ocasionado su muerte. Me pregunto si esta no era una situación perfectamente evitable que de milagro no derivó en desgracia.
En cuanto al disfrute de las calles y la tranquilidad de conductores y gente de a pie, todos tenemos derecho al uso de la vía pública, ninguno al abuso ya que el mismo es colectivamente malo. Sería importante tener en cuenta esto antes de adoptar conductas riesgosas en la vía pública.
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