Cirugía en el corazón del gabinete

El Presidente designa a los ministros por sí y ante sí. Podrá perder una votación en el Consejo de Ministros, pero le alcanzará con cambiarlos para que el resultado se revoque. Debe gobernar con los ministros respectivos o en Consejo de Ministros, pero a estos los designa solo y solo es él quien los desvincula.

Un tiempo de poder exclusivo y exclusiva responsabilidad de un partido en monopólico gobierno, mayoría parlamentaria absoluta, aseguradas sus iniciativas, sin sorpresas ni censuras parlamentarias, aun cuando esa mayoría no le pueda proteger de su oxidación ante la opinión pública. La cirugía presidencial en el corazón del gabinete ministerial y la modificación de directores políticos en los entes mostraron a los suyos quién tiene el timón, buscando alejar de su gobierno la ruleta rusa de muy graves conflictos internos.

El gobierno hizo cambios en riesgosas direcciones, con consecuencias, negativas lo explicarán los salientes, y los aciertos serán del gobierno en su nueva integración.

Queda atravesado el IRPF impuesto en solitario por el Frente, sus efectos en la ciudadanía se ven con creciente claridad en cada medición de opinión pública. Su impulsor se mantiene en entredicho integrando aún el gabinete, pero en la interna frenteamplista muchos se apuran en marcar su tiempo de salida. En el Frente se sabe que la reforma tributaria golpeó muy duramente a quien trabaja, y le dio poco a quienes beneficia. Fue un grave error, como sucede ahora con el durísimo golpe en el aporte al BPS de las empresas unipersonales. Una mezcla letal.

El partido-gobierno queda en un escenario con varias pistas simultáneas. Un Frente Amplio con más caras que Jano, sin presidencia acordada y con tensiones que ahora el Presidente busca tener lejos de casa de gobierno. De algún modo podrán repercutirle, pero seguramente mucho menos que si el debate fuera en pleno gabinete y con él en medio.

El Frente Amplio se autodenomina «fuerza política» y no partido político como lo es, como todos los demás en una democracia, con sus modelos absolutamente contrapuestos e internismos. Es -aunque jamás lo diga- un partido político más, con sus luces y sus sombras, con una autoridad central, un solo lema y varios sublemas, un solo comité de ética, un estatuto único y una sola presidencia hoy muy difícil de renovar.

La cirugía realizada en el gabinete ministerial debía realizarse en medio de esta emergencia frenteamplista con complejos temas judiciales en curso. Fue absolutamente necesaria para intentar aminorar la afectación de otros tejidos. Un tema sobre el cual el Presidente para operar tiene título profesional habilitante.

El Uruguay político entra en fase de espera en cuenta regresiva. Se buscan futuros candidatos, se proclaman otros, algunos cantados y otros encantados con poder llegar a serlo. No necesariamente están todos los que serán, ni serán todos los que hoy están. Aún queda mucho todavía por definir.

Un tiempo preelectoral se avecina, y el Frente Amplio está en problemas. Ya no es el titular de la ilusión ciudadana. Quedó atrás el «sabes que se puede» y «el comenzá a soñar» a todo color de ayer nomás. Una gran parte de la ciudadanía está aturdida, castigada y decepcionada, después de los cantos de sirena que le llevaron embelesadamente a encallar en estos arrecifes de voluntarismo, contradicción y oportunidades perdidas por dogmatismos. Siempre hacer será más difícil que opinar.

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