Una actitud reincidente contra la ética
Escuché con estupor las declaraciones de Guillermo Chifflet para la TV el 5 de febrero, fecha de fundación del Frente Amplio. Aunque en realidad era la reiteración de una actitud que considero reñida con la ética.
Dijo que su posición personal en el Tribunal de Conducta Política había sido de separar del Frente a Juan Carlos Bengoa; y que a su juicio el dictamen adoptado por el TCE era correcto.
Estas declaraciones estaban en contradicción total con las que horas antes formulara el presidente del Frente. Jorge Brovetto dijo que «no hay ninguna decisión de ningún órgano político que haya decidido ninguna expulsión»; que tiene en su poder un informe del Tribunal sobre el caso, en sobre lacrado y cerrado, que abrirá para entregarlo al Plenario el 5 de abril; y que los trascendidos sobre la recomendación de expulsión son «especulaciones sin fundamento».
Pero más allá de esa contradicción total, me parece incalificable que Chifflet se haya lanzado a hablar públicamente, y dándole máxima difusión, sobre un tema que el organismo que integra, y en el cual es un miembro sobre siete, decidió a texto expreso mantener en reserva. ¿Qué justificación puede aducirse al respecto? ¿Qué tiene que ver con la ética frenteamplista y con la actitud de reserva que es consustancial a la actuación en un organismo de ese tipo?
En eso estaba cuando recibo un mail de un militante frenteamplista que me dice: «Se llegó al extremo –precisamente el día de la fundación del Frente– de que un integrante de la Comisión de Ética salió a la televisión a dar su posición personal sobre el tema Bengoa. Lo que él votó en la comisión lo dijo sin movérsele un pelo, cuando la resolución de la comisión estaba en la presidencia del FA en sobre lacrado y se abrirá como corresponde en el plenario del FA de abril, como lo decidió él y sus compañeros de comisión. A este extremo, creo, por lo menos mi memoria no me lo permite, nunca se había llegado. Que un integrante nada menos que de la Comisión de Ética salga por su cuenta, desconociendo la decisión de la comisión que integra y a lo cual los frenteamplistas le tenemos (teníamos en mi caso) absoluta confianza, a dar su opinión personal en TV, me parece de una gravedad total».
Al otro día «La columna amarilla» se pregunta: «¿El ex diputado Chifflet se va de boca sin darse cuenta? Yo creo que no ayuda».
Esa actitud es reiterada. Apenas designado para el TCP, Chifflet declaró en forma extemporánea que Bengoa debía renunciar. Luego se propuso aclarar sus dichos ante todos los micrófonos que se le pusieron a tiro. Las enmiendas resultaron peores que el soneto. Dijo: «Sobre el caso del señor Bengoa no he opinado porque no lo conozco a fondo ni a él ni al caso, ni tengo la información suficiente. He dicho sí, que si las versiones de prensa fueran exactas y yo estuviera en su lugar, bueno, sin dar consejo a nadie, yo diría cómo actuaría. Daría un paso al costado para que se aclarasen las cosas. Pero ésta es mi opinión personal y yo no pretendo ser pontífice de nadie. De modo que no se pueden dar por aludidos ni él ni sus correligionarios, porque no he acusado para nada, no conozco el caso».
Si no conocía el caso, ¿por qué no cerró la boca y recordó que al buen callar llaman Sancho? En cambio, difundió las versiones de una prensa que despotrica en todos los tonos todos los días contra el Frente. Si eso ya era muy grave, lo de ahora tiene una relación con la ética todavía más lejana.
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