No hemos perdido ningún tren
Las agencias de noticias internacionales que nos tienen al tanto, diariamente, de los devaneos amorosos de Nicolás Sarkozy, no nos informaron sobre la Segunda Cumbre de la Unión Europea-Africa, celebrada en Lisboa entre el 8 y 9 de diciembre pasado.
¿Qué sucedió?
La explicación es muy sencilla. El Africa subsahariana se negó a firmar los acuerdos de libre comercio por los que lo presionaba la Unión Europea, en un momento en que el continente africano se expande económicamente y multiplica sus intercambios comerciales. Dice el refranero popular: «Cómo será la cañada cuando el gato la cruza al trote». En efecto, el presidente francés declaró: «Estoy a favor de la globalización, a favor de la libertad, pero no a favor de la expoliación de países que por otra parte ya no tienen nada». Los comentarios están de más.
¿A qué viene todo esto?
Para refrescar memorias, para enriquecer la información nacional, para que estos elementos sean tenidos en cuenta.
En nuestro país existe un grupito de personas, apuntaladas por otro grupito de técnicos que están a su servicio, que sistemáticamente aluden al «tren que perdimos» al no firmar un TLC con EEUU. La fragilidad de sus argumentos está hoy a la vista. Se encandilaron con los resultados de un año en el que tuvimos una relación comercial estupenda con EEUU. ¿ Se encandilaron?, ¿o estaban simplemente presionando al gobierno para que optara por la opción que más les convenía a sus intereses personales y grupales?
La vida parecería estar ratificando la verdad de la segunda opción. Es un grupo de gente que sistemáticamente, desde hace muchas generaciones, ha logrado que el país se convenza de que no hay diferencias entre los intereses y necesidades de unos y otros. Es más simple, piensan que, curiosamente, los intereses del país coinciden con los propios y si bien eso no es cierto, ellos se las arreglaron durante 150 años para que sí coincidieran.
Hoy, que ha quedado claro que los intereses del país pasan por otro lado, se sienten sorprendidos y buscan recuperar espacios perdidos. Vale la pena recordar, para que en filas progresistas nadie se llame a engaño, en primer lugar, el ejemplo africano. La Organización Mundial de Comercio, OMC, también ha laudado sobre esto, aconsejando a los países pequeños a no firmar tratados bilaterales con las grandes potencias, por la razón del artillero: acuerdo entre desiguales resulta desigual.
Si el consejito de la OMC no alcanza, conviene refrescar otros argumentos esgrimidos, por lo general, por los mismos que quieren un TLC con EEUU. Este grupito, que tiene su representación política en el Parlamento, cuestiona todo tipo de acuerdo y relacionamiento que nuestro país lleva adelante con la hermana república de Venezuela. Recordemos las últimas joyitas del gobierno de EEUU: la actual administración accede al gobierno por una serie de maniobras electorales en el Estado de Florida. A ello agreguemos la invasión a Afganistán, la de Irak ( aduciendo argumentos mentirosos sin ningún tipo de pudor), mantiene un sinnúmero de cárceles clandestinas a lo largo y ancho del mundo donde se practica abiertamente la tortura que ha sido aceptada y bendecida desde el gobierno de los EEUU en forma pública, y podríamos seguir enumerando un sinfín de perlas que parecen que no empalidecen la admiración de algunos orientales por el gobierno de la gran nación del norte. Parafraseando a algunos líderes de la oposición, hay que pensar bien con quién se realizan alianzas estratégicas.
Un país pequeño no puede salir al mundo a concretar alianzas con cuantos se le crucen por delante, lo cual tampoco implica encerrarse en sí mismo, actitud que no ha tenido el actual gobierno que, trabajosamente, ha ido urdiendo una serie de acuerdos menores con un sinnúmero de naciones, con lo que mantiene una relación multipolar, sin dependencias absolutas y buscando en todo momento lo mejor para el Uruguay y todos los uruguayos.
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