Treinta y siete años después
Por estos días se conmemoró el 37º aniversario de la creación del Frente Amplio.
Para cualquier agrupación política, la celebración de un nuevo aniversario de su fundación resulta una instancia emotiva y propicia para recordar fastos y tragedias, para homenajear a las figuras emblemáticas y para efectuar un balance de la trayectoria.
No caben dudas de que desde su nacimiento a la vida política hasta el presente, el Frente Amplio no cesó de crecer electoralmente y de incorporar a nuevos ciudadanos y agrupaciones desprendidas de los partidos tradicionales. Desde aquel magro 18 por ciento obtenido en las elecciones de 1971, hasta superar el 50 por ciento en las de 2004 y lograr así por primera vez el gobierno nacional con mayoría en ambas cámaras, el Frente Amplio fue la única fuerza que registró un crecimiento sostenido mientras los partidos históricos, aquejados de desidia, de inoperancia, de inepcia y de soberbia, veían decrecer su caudal electoral elección tras elección; incluso llegaron a modificar la Constitución con el único objeto de poder votar juntos para derrotar a la izquierda en 1999, mecanismo que se volvió ineficaz en 2004, cuando las fuerzas progresistas obtuvieron el triunfo inapelable sin necesidad de segunda vuelta.
Estos últimos 37 años de historia fueron también años de lucha, de acumulación de fuerzas, de resistencia a la dictadura. La coalición de izquierdas demostró asimismo su capacidad para superar instancias críticas, como el desprendimiento de dos sectores fundadores en 1989, hoy plenamente reintegrados a las fuerzas progresistas. Aquella escición, por más que dolorosa, no fue óbice empero para que el Frente Amplio conquistara por primera vez el gobierno municipal de Montevideo, con lo que marcó un hito insoslayable.
Tampoco hay que olvidar la crisis interna de mediados de los noventa, crisis superada con inteligencia, con imaginación y con una buena dosis de sensatez.
Sin embargo, cuando han transcurrido 37 años de su fundación y casi tres de ejercicio del gobierno nacional y de ocho intendencias departamentales, han empezado a aflorar motivos de conflicto. Dejando de lado la acción de sectores ultras que lanzan dardos todos los días contra el gobierno pero que no tienen peso real en la sociedad, el Frente Amplio parece sufrir una crisis de liderazgo. Y la compleja mecánica estatutaria para tomar decisiones –con exigencias aritméticas tal vez un tanto exageradas– impide la concreción de soluciones anteriormente acordadas.
Está en juego la conducción partidaria, esto es, un líder capaz de manejar la interna, y con suficiente ascendiente sobre los dirigentes sectoriales y sobre los representantes de las bases. Eso por un lado. Pero por el otro –y vinculado con lo anterior–, está el problema de la candidatura a la Presidencia de la República. La firme negativa del doctor Vázquez a presentarse a una eventual reelección condujo a una situación desgastante en que la incertidumbre parece haberse adueñado de los líderes sectoriales.
Dicha situación –cercana a una «impasse»– habrá de resolverse en definitiva en el próximo Congreso del Frente; y si allí no se logran los consensos necesarios para postular la fórmula presidencial para las elecciones de 2009, habrá que atenerse a lo que marca la Constitución luego de la reforma electoral de 1996: la candidatura única se decide en las elecciones internas a celebrarse unos meses antes de las nacionales de octubre.
De todos modos, sería de desear que el delicado problema se dirima en el Congreso, como consecuencia de un acuerdo que concite la mayor adhesión posible. Tal ha sido la característica del Frente Amplio desde hace 37 años
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