Restauradores, a la ofensiva

En las últimas horas, las Cámaras Empresariales resolvieron enfrentar al gobierno porque se oponen al proyecto de ley de negociación colectiva. Para ser más exactos: la oposición empresarial está organizada por 18 cámaras empresariales. El presidente de la Cámara de Industrias, Diego Ballestra, un dirigente funcional al viejo Uruguay de los partidos tradicionales, anunció a la vez que se demandará al gobierno ante la Organización Internacional del Trabajo.

El empresario propone poner en congeladora el proyecto de ley que está ha estudio del Parlamento, cosa a la que se niega el ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi, porque sería «renunciar a la soberanía del Parlamento».

El secretario de Estado recordó, también, que el vicepresidente de la OIT, Daniel Funes de Rioja, coincidió con el gobierno en que el proyecto «se negociara en el Parlamento, dado que a su juicio era un ámbito tripartito legítimo». «Los empresarios deberían entender –agregó Bonomi– que en los ámbitos tripartitos no sale exactamente lo que quiere cada parte y eso es producto del proceso de negociación».

Lo que está en discusión son dos artículos del proyecto de ley, el 21 y el 22, que tienen que ver con las condicionantes para llevar adelante las ocupaciones de los lugares de trabajo por parte de los sindicatos y que esas ocupaciones no suspenden las instancias de negociación. Por eso Ballestra sostiene que con el texto de esos artículos, se «legaliza la ocupación de los lugares de trabajo». Mientras que Fernando Pereyra, dirigente del PIT-CNT, aseguró que los empresarios quieren la eliminación del derecho de huelga.

Estamos, entonces, ante una nueva etapa de la vida del país bajo un gobierno progresista de izquierda en la que comienzan a dibujarse en el horizonte elementos de lo que sería la restauración de las viejas concepciones sobre la sociedad, en caso de que los partidos tradicionales recuperen el gobierno nacional.

También existe la más clara sensación de que los partidos tradicionales han resuelto profundizar la polarización política del país, pero alentando que sean esas cámaras empresariales las que hagan el gasto en el enfrentamiento con el gobierno.

Esta actitud de los grupos corporativos empresariales, que incluso llevan el tema a la OIT, es casi como una declaración de guerra al gobierno progresista y a los sindicatos, una típica señal a la sociedad de que otra vez se le vuelve a ofrecer el menú de los gobiernos neoliberales anteriores al progresismo.

Como era de esperar, el Ministerio de Trabajo y el PIT-CNT coincidieron en las críticas a las políticas restauradoras que impulsan los empresarios, confirmando que hay zonas comunes muy fuertes entre los trabajadores y el programa del gobierno y del Frente Amplio.

La izquierda, tanto en lo político como social, tiene el desafío de no dar un paso atrás en materia de políticas laborales, que hacen a la piedra fundamental de la filosofía progresista, pero a la vez deberá encontrar aliados en el sector empresarial que hoy tienen una visión moderna de lo que es la relación entre el capital y el trabajo.

En esta hora, por cierto compleja, más cuando en este año se realizarán los Consejos de Salarios y se establecerá una nueva Rendición de Cuentas, todo el país va a entrar en un período de tensiones que se deben resolver pensando siempre en la convivencia de todos los uruguayos. Por eso las Cámaras Empresariales no deben permitir que intereses políticos restauradores las terminen utilizando por razones partidarias.

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