Defender y asegurar la sustentabilidad del cambio
En la mañana de hoy se sabrá si la Reserva Federal norteamericana actúa en línea con las expectativas generalizadas en todo el mundo y disminuye sus tasas de política monetaria y asistencia financiera en medio punto porcentual. A diferencia del Banco Central de Europa, los cometidos institucionales de la FED superan ampliamente la misión del BCE, confiriéndole responsabilidades bastante más amplias que mantener la estabilidad de la moneda. En la medida que el sistema financiero y la sofisticación de sus instrumentos ha cobrado una dominancia universal y profunda, las decisiones de la FED ya no son leídas en sus vínculos con el precio del dinero y el valor de la moneda, sino en su capacidad de sostener más íntegramente el sistema en el largo plazo. De tal manera, sus decisiones son más polémicas y controversiales que las de otros bancos centrales. Pero todas ellas son señales de mucha utilidad para los navegantes que intentan entender con esfuerzo creciente- la umbrosa vinculación de la economía y la política. En eso están ellos, en su campaña electoral y con un desparramo bancario que obliga a los contribuyentes a pagar los platos rotos de lo que no se ha podido o querido regular en tiempo y forma.
En Uruguay estamos en otra cosa. No hay riesgo de contratiempo bancario alguno, y el principal problema consiste en cómo afirmar la confianza y la estabilidad del cambio en el nuevo escenario internacional. Entre el miércoles y el viernes de la semana próxima el equipo económico y el Banco Central uruguayo han de explicar cómo y porqué han de ajustar algunas metas del programa económico y financiero de 2008 y 2009 anunciadas en diciembre pasado, cuando aún no se había precipitado la crisis norteamericana en los términos actuales. Se supone que a través de las comunicaciones del equipo económico y el Comité de Política Monetaria del BCU deberemos orientarnos acerca de cuáles serán los escenarios más probables en dos años claves para la consolidación de los cambios que ha echado a andar el gobierno progresista. Estamos un poco atrasados respecto a lo que ya ha hecho Brasil, por ejemplo, disminuyendo la meta de crecimiento de 2008 en medio punto porcentual a la vez de interrumpir la flexibilización de su política monetaria manteniendo la tasa Selic del BCB en el 11.25% frente al riesgo de salida de capitales y un aumento de la expectativa de inflación del 4% al 4.5% en 2008 y 2009…. Lula y la izquierda sin discusión alguna esta vez han vuelto a demostrar que no se juega con la estabilidad presente y futura. Paralelamente el presidente busca acuerdos políticos para financiar la inercia del incremento del gasto público.
No hay mucha duda en cuanto a que esos anuncios disminuirán levemente la estimación del crecimiento y, seguramente mantendrán el equilibrio de las cuentas públicas como objetivo emblemático de este gobierno. Puede ser que las elecciones no se ganen con la gestión económica pero es seguro que se pierden en un marco de desequilibrio creciente. De tal manera ingresaremos en un año decisivo advertidos acerca de las nuevas restricciones que caracterizarán la próxima rendición de cuentas, entre otras cosas. Esto debería complementarse con una decisión muy fundamentada y comprensible a nivel popular respecto a cuál será la política monetaria del Banco Central. El viernes 7, el Comité de Política Monetaria del BCU volverá a enfrentarse con los dilemas que ya tuvo en noviembre y diciembre respecto a si continuaba con el sesgo contractivo decidido en octubre, cuando se aumento la call al 7.25% con participación directa del presidente Vázquez, o suspendía esa progresión contractiva entendiendo que la estabilidad no corría riesgos mayores. Se decidió esperar.
A no ser que alguien acepte aumentar los impuestos explícitamente o a través de mantener o aumentar el impuesto inflacionario. En tanto, es probable que, aunque antipática, la eventual decisión del Copom del viernes próximo de aumentar la tasa de política monetaria del 7.25% al 7.50%, con su fundamento comprensible, no sólo sea necesaria sino que, esencialmente sea una señal de madurez y responsabilidad de un gobierno empeñado en defender y asegurar su programa. Este es un año decisivo en el cual, la izquierda deberá demostrar que está en condiciones de defender y extender los cambios estructurales que ha comenzado a implementar. Debe asegurar que los desequilibrios no barrerán de un plumazo las construcciones de futuro.
Compartí tu opinión con toda la comunidad