¡Estoy azorado!
Un amable correligionario no menos asombrado que yo, me hizo llegar carta mediante una fotocopia de un artículo editorial del diario caganchero en el cual un columnista trata con indisimulada admiración de «pujante» a la figura colorada de Pedro Bordaberry.
¡Paren las rotativas! ¡Me paspé!
Un blanco no puede jamás conceptualmente ponderar, elogiar y mucho peor admirar la pujanza de Pedrito. Por supuesto que no lo descalifico ni creo que nadie lo haga, por ser hijo de su padre. Estamos de acuerdo con eso. Es de hijo bien nacido defender al padre. Es obvio. ¿Pero cuáles son las diferencias ideológicas con su progenitor que amerite rendir pleitesía a su imagen avasallante?
¿Tiene principios progresistas en lo social, económico o en política internacional, pletórico de ideas democráticas y antiimperialistas?
Si me responden afirmativamente, solicito autorización para explotar en estruendosa carcajada. Tengo derecho a presumir, que se dice democrático porque se ha instaurado ese régimen político. Pero si mañana se volviese, espero que no a otro golpe de Estado, quiero ver que sus genes legítimos no lo lleven a subirse al antiguo carro del papá.
A los trasnochados, que siguen habiendo, que sueñan con las fusiones entre ejemplos por cierto viejos, bueno es recordarles que Bordaberry padre aprovechó en sus momentos de gloria a todos los partidos tradicionales para escalar (fue senador por todos y presidente por el colorado) y no obstante propuso formalmente siendo presidente, la disolución y muerte de los partidos políticos. No hubiese sufrido de insomnio si se remitía sólo al colorado específicamente, aunque es de notar el mal agradecimiento de su natural promotor partidario, pero sí me molesta y muchísimo que también eliminaba al blanco. Buena cosa sería recordarles a los cagancheros el hecho, para que no corran el mismo riesgo del padre con el nene.
Remembrar el consejo de Haedo: «En política no se puede ser gil». Sin embargo, hay una corriente doctoral en el partido que ve bolches debajo hasta de la pinica, y esa sublime obsesión los hace olvidar la peor parte de 170 años de historia que sufrimos los blancos soportando colorados.
Pero, ni existían cuando se perseguía nada menos que al libertador Oribe apoyados por todos los imperios al mando del Pardejón, que no era frentista precisamente. Ni el general «añamembui» Venancio y su mando inmediato, el asesino del Goyo «Geta» Suárez, ejecutores cobardes del héroe Leandro Gómez tampoco eran bolches, ni el arrasamiento de la heroica se les puede atribuir a ellos.
Señálese que los asesinatos del ejemplar presidente Berro como el tiro en la espalda a Francisco Lavandeira al proteger la pureza del sufragio abrazando la urna que iba a ser violada por los matones de Pancho Belén y Simón de Tezanos se les puede endilgar por cierto. Y como frutilla en postre (los ejemplos pueden ser interminables) por ahora el gobierno frentista, aunque están muy alcahuetes de los yanquis, no le han solicitado a Bush ninguna invasión con buques de guerra imperiales como sí lo hizo un señor tildado con el moto de don Pepe para terminar con Saravia. (Los blancos eran El Castine, El Brooklin, El Atalanta y El Marieta para que nadie sufra de amnesia) (1904).
Con todo esto y mucho más se identifica Bordaberry Junior, joven pujante líder del viejo partido del Pardejón y su contratado Giusseppe Garibaldi.
Y es obvio, que en el mismo trillo don Pedro o Pedrito para los íntimos, opinará que es preferible el peor colorado antes que el mejor de los blancos.
Esa tesis tampoco se la podemos encajar al Frente. Una lástima por cierto.
La última duda. Lo tachan de pujante: ¿qué es lo que puja don Pedro? Ruego es me lo aclare, no sea cosa que entre pujo y pujo vaya a terminar en el futuro como el papá, dando a luz otra monstruosidad.
¡Sálveme Dios!
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