Que conste en actas
Están pasados de vivos. Le toman el pelo a la democracia, cuando antes le introducían la cabeza en el tacho lleno de orín para que cantara. Nos referimos a los militares confinados en el Centro Carcelario Nº 8 en la calle Domingo Arena, por orden de la Justicia, todos acusados de haber violado los derechos humanos durante la dictadura.
Tienen página web, insultan y amenazan a todo aquel que los haya llevado hasta los estrados judiciales, cuentan además con la página de los lectores del semanario Búsqueda. Tienen más bocas de voces que cualquier humilde uruguayo que robe un pan con grasa de una panadería.
Desde este espacio hemos defendido que los derechos humanos hay que respetarlos hasta con los enemigos de la democracia y la libertad, incluso con aquellos que tomaron por asalto el poder y destruyeron las instituciones democráticas.
Esa postura no emana del miedo, sino del firme compromiso con la libertad y la dignidad humana. Es una filosofía de vida, una clara actitud de respeto al ser humano, por más que hayan deshumanizado y utilizado el poder del Estado para imponer determinadas ideas contrarias a la evolución de la vida y de los sentimientos.
A ninguno de esos militares que están en plena actividad de calumniar y desacreditar a la Constitución de la República, se les ha tocado un solo pelo. No saben lo que es sentir la picana en el glande del pene o en el clítoris de la vagina, tampoco conocen lo que estar colgados de las manos por días o sentir el miedo de un presunto fusilamiento. No saben lo que es enloquecerse porque el dolor no deja razonar o porque le acaban de secuestrar a un hijo recién nacido. Y no lo saben porque el pueblo democrático de este país, que es la inmensa mayoría, nunca va a permitir que tengan que soportar una sola cuota de sufrimiento. No saben lo que es ser un humano y caminar sobre los dos pies, erguidos, con la cabeza lúcida, con el corazón a flor de piel, sintiendo que en el otro hay un igual, un ser humano.
Son, además, profundamente machistas y por eso centran su estiércol ideológico en destrozar a la fiscal Mirtha Guianze y a la doctora Hebe Martínez Burlé. ¿Cómo tremendos machos pueden estar presos, aislados de sus familias no de los amigos porque no tienen, por culpa de dos mujeres profesionales reconocidas por la sociedad?
A cualquier preso común se le incauta un celular, pero a quienes encastraron el uniforme de Artigas se les permiten determinados privilegios que son utilizados con fines políticos, porque detrás de esta campaña de los represores hay objetivos que apuntan a crear un clima de enfrentamiento que sólo perjudica al avance progresista de nuestra sociedad.
Investigar a una fiscal, piense lo que piense Guianze o no lo piense, es un delito grave, pero fundamentalmente es inmoral. Estamos ante un hecho delictivo, inaceptable, que parece no conmover a un sistema político que está adormecido por los calores de este hermoso verano.
Es cierto que no son peligrosos, porque ya los derrotó la vida y el pueblo uruguayo. Por momentos, también es verdad, son casi tragicómicos, pero cuidado que hasta el más ridículo y estúpido de los fascistas puede generar situaciones no deseadas y que se pueden volver factores de inestabilidad.
Es de esperar que en base a la ley y la Constitución se tomen las más estrictas medidas para no permitir que este grupo sedicioso de la década del 70 siga actuando de forma descarada. El futuro del Uruguay, que está en pleno proceso de transformaciones, no tiene lugar para los violadores de la Constitución: que conste en actas.
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