El marxismo; las crisis
En el sistema capitalista se enfrentan los capitalistas entre sí y contra sus trabajadores. Fases expansivas (de auge) y depresivas (de crisis) se vinculan a esos enfrentamientos. Las de auge son indicadas por el aumento de las tasas de ganancia (relación entre la plusvalía y el total del capital invertido). Las de crisis se caracterizan por una sobre acumulación del capital en la producción, paralizante porque no hay donde invertir con ganancias, y por una brusca y fuerte caída de esas tasas de ganancia. Éstas se motivan por el aumento del salario real, fruto de la lucha obrera en los períodos de auge (la dinámica de la lucha de clases explica las coyunturas, y vuelve necesarias para los capitalistas nuevas revoluciones tecnológicas); por el estancamiento de la productividad; por el agotamiento del mercado para determinadas industrias; y por la detención del avance tecnológico. . Las crisis son funcionales al sistema pues eliminan mercancías, capitales e inclusive seres humanos (guerras mediante), y preparan las condiciones para una nueva etapa de desarrollo, no sin antes arruinar a fracciones del capital y beneficiar a otras.
La historia registra una sucesión de crisis. En EE.UU. de 1810 a 1920 hay quince crisis y de 1945 a 1975 siete recesiones. Entre ambos períodos, está la gran crisis de 1929, que dura diez años y se supera sólo con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Las últimas décadas se caracterizan por el estancamiento y la inflación. Cuando comienza un ciclo de producción, trabaja a plena actividad la industria pesada (productora de bienes de capital), la liviana (productora de bienes de consumo) y el comercio. Mientras hay producción para un mercado demandante se pagan salarios y el consumo es normal. En una segunda etapa del ciclo, hay indicios de que la producción desbordará las necesidades del consumo, y entonces la industria liviana merma sus compras a la industria pesada. Ésta es la primera en sentir la menor actividad y parálisis y sus capitalistas despiden a los trabajadores, y éstos, al no recibir salarios, como consumidores no pueden comprar para satisfacer sus necesidades. Al disminuir el consumo, en una tercera etapa, también se paraliza la producción y las inversiones en la industria liviana, y en ella a su vez, los capitalistas despiden a sus trabajadores, que también sin salarios, aumentan el número de personas que tienen necesidades de consumir pero que no pueden adquirir las mercancías. Obviamente, también se resiente la actividad comercial. Caen los precios, los capitalistas no pueden vender sus mercancías a su valor, sobreviene una caída general de las acciones, se dificulta el reembolso de los créditos y se generaliza la crisis. Lo absurdo de la economía capitalista es que –por primera vez en la historia– genera hambre porque sobran las mercancías, que no se pueden comprar ni tampoco regalar para evitar más derrumbes de precios. La tendencia decreciente de la tasa de ganancia se manifiesta en las crisis de sobreproducción. «¿Cómo remonta esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción violenta de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿A qué conduce esto? A preparar crisis más generales y más formidables y a disminuir los medios de prevenirla.» (El Manifiesto Comunista») La burguesía remonta la crisis con la concentración de la riqueza, la quiebra de sus miembros más débiles, la disminución de los salarios, los ritmos de producción aumentados que exige para compensar sus dificultades y que los trabajadores aceptan para no perder sus empleos. Hay sobreoferta de maquinarias y materias primas, se malbaratan los medios de producción de las empresas quebradas. Y se innova en ciencia y tecnología. Por consiguiente se concentra la riqueza y centralizan los medios de producción. Entonces, la tasa de ganancia vuelve a aumentar, porque las empresas sobrevivientes tienen auspiciosas perspectivas, crece la inversión y comienza otra fase de acumulación de capital. Pero la conquista de nuevos mercados es la solución ideal para la burguesía, la que origina la expansión imperialista, ya que el mercado ampliado retardará por décadas las crisis de sobreproducción. Cuando las crisis retornan tienen ya dimensión mundial y culminan en la irrupción de las dos grandes guerras del siglo veinte entre potencias imperialistas.
En la actualidad la `superhinchazón de la esfera financiera’ es producto de la crisis. El capital acumulado encuentra su límite de ganancia en la producción y vuela a la especulación. Sólo entre el 5 y el 8% de las transacciones corresponden a mercancías y servicios, las demás son especulativas. Y el volumen de la economía financiera es 50 veces superior al de la economía real.
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