OSE suprime el agua en barrios pobres de Salto
a prensa del fin de semana informó de la decisión adoptada por el Directorio de la empresa sanitaria estatal de cesar el suministro de agua potable a seiscientas familias de los barrios Artigas y Horacio Quiroga de la ciudad de Salto.
Entre las familias afectadas por esta medida se encuentran alrededor de setenta que están en el actual emplazamiento después de haber sido trasladadas desde una zona afectada por inundaciones frecuentes.
Según se anuncia, otras cincuenta familias del vecino departamento de Paysandú serían sometidas al mismo tratamiento de corte de suministro en los próximos días.
En la emergencia, sobresale el tono cortante de las declaraciones de las autoridades del organismo.
«El agua hay que pagarla», «hay que terminar con el hurto de agua», han sido, entre otras, las expresiones utilizadas por los jerarcas para referirse públicamente al tema.
Los altos funcionarios parecen haber perdido de vista o en todo caso tener en poca valoración las definiciones programáticas contenidas en la Carta Orgánica de OSE, donde se jerarquiza la importancia social del suministro de agua potable.
Sólo desde una óptica en la que ha desaparecido toda sensibilidad social se puede actuar de manera tan drástica en una zona tan delicada y frente a sectores de la población en situación de extrema necesidad.
Les sobra razón a los periodistas, vecinos y representantes de Salto cuando han expresado su rechazo a la decisión del Directorio de OSE.
¿Se ha pensado, por parte de la Administración, quiénes son los uruguayos sobre los que caen los efectos de este corte?
¿Cuántas veces los vecinos de los barrios Horacio Quiroga y Artigas de Salto habrán oído, en los últimos años, hablar de «igualdad de oportunidades.»
¿Las han tenido?
¿Dónde están las fábricas, los frigoríficos, los ingenios, las chacras donde encontrar trabajo y salario decorosos?
Los habitantes de las zonas bajas de la costa del Río Uruguay ¿no han vivido y viven una situación de emergencia? ¿No han sido objeto de un traslado, con todas las erogaciones y desajustes que eso significa?
Llevar la lógica abstracta de la norma al pie de la letra y aplicarla sobre los sectores más desprotegidos de la ciudad no se justifica.
En vísperas del verano, en una población en la que como en todas las zonas pobres, sin duda abundan los niños, privar a esos barrios de agua potable es no sólo una injusticia irritante sino una imprudencia grave desde el punto de vista sanitario.
Las inflexibles autoridades de OSE, ¿se harán responsables de los riesgos para la salud a los que se expone a esos cientos de niños y de jóvenes del litoral?.
La aplicación «piedeletrista» del catecismo neoliberal y de las políticas de ajuste pone a las instituciones del Estado, en este caso a OSE, de espaldas a la realidad social, a los padecimientos bien reales por cierto de la población que no encuentra trabajo, porque la sociedad no lo ofrece.
Actuar con flexibilidad ante las necesidades de la gente es actuar con sentido de Estado, con mentalidad de largo plazo, porque para un país nada es más importante que la salud y la dignidad de su gente.
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