"Autoritarismo = Terrorismo"

Uno está siempre atrapado en el engranaje de una maquinaria que se cae a pedazos pero que es defendida a toda costa. Una comunidad que acepta todo lo impuesto desde «arriba» por encima de la realidad, de la consideración o respeto más mínimo, de la dignidad más elemental. Por encima de la historia, del país, de las leyes, del presente, del pasado, del futuro. Firman y aceptan lo que dicen de arriba por encima de los niños, de los viejos. Por encima del reloj, de la mesa, del comedor y de la bicicleta. Por encima de la existencia. Firman y aceptan… o se quedan sin trabajo.

Uno está desamparado y a la intemperie y eso hace sentir poderosos a los mesías inversos, mediocres en sus puestos de poder. Hace babear a los lebreles de la intolerancia. Incendia los deleites perversos y las masturbaciones macabras de los patrones cínicos. Se sienten dioses. Ellos dan «ordenes», es decir «ordenan», ponen «orden» en su mundo y firman complacidos los despidos, los castigos, las sanciones… con una sonrisa de satisfacción cobarde y ciega, resentida y psicótica. Someter al terrorismo del despido a cualquier trabajador es una determinación asesina. Reinar atemorizando a otros, abusar de su debilidad y sus miedos, es un delito de lesa humanidad ¿Quién sanciona esto? ¿Quién saldará tal deuda histórica? ¿Quién curará las heridas?.

En los centros educativos se debe ser militante de la verdad a toda costa. Eso «enseña» verdaderamente. Enseña con el ejemplo de integridad y dignidad. El trabajo de educar no es de poca monta y la dimensión las responsabilidades en el campo de la producción y reproducción del conocimiento es enorme… pero insuficiente si no se involucra con la formación ética del estudiante, y de todos, con la propia por garantía. Se trata de una lucha de las ideas. Hay que romper con toda idea romántica sobre la «educación», con todo autoritarismo. La educación por sí misma nada resuelve. No dejar que el mercado de los títulos universitarios nos hipnotice con ilusiones de trapecista artrítico. En un mundo donde sólo hay lugar para la mitad de la población, porque una mitad vive bajo la línea de la pobreza, bajo condiciones de insalubridad, hambre, desnudez, falta de vivienda y desempleo… en un mundo así es obsceno hacer creer que comprándose una educación universitaria o de cualquier tipo, se logrará el éxito personal y el ascenso social. «Fama», «sex appeal», «propiedades» y «respeto». Es pornográfico.

Estudiar, es librar una batalla, una lucha de ideas donde es imprescindible tener conciencia de la fortaleza propia real (que siempre es social) y las fortalezas del contrincante. Implica fortaleza para elegir, para profundizar, para contribuir. Toda teoría y ciencia comportan y ofrecen una lucha por el significado y ningún autor es indiferente a esta premisa. Detrás de cada afirmación teórica está una posición política, un conjunto de certezas y de dudas obedientes a una manera específica de comprender el mundo sus problemas y sus soluciones. Hay autores que luchan con sus ideas para cambiar lo que entienden como injusticias, errores o desviaciones y hay autores que están muy contentos con el mundo tal cual se ofrece. También los hay intermedios e intermediarios, ambiguos, anodinos, eclécticos, estos son los peores. Los estudiantes deben abandonar ese rol insultante que se les asigna, en muchas cátedras y donde se les inhabilita para pensar. Muchos payasos disfrazados de docentes y directivos universitarios, sostienen que el alumno «no está para pensar sino para aprender» lo que alguna vaca sagrada pergeñó para iluminarnos. Los estudiantes deben asumir un papel interventor y transformador de su propia educación oponiéndose al viejo estereotipo del ignorante dócil que asimila acríticamente cuanto se le inocule. Y le cobran por eso, claro.

Bien harían los estudiantes si denunciaran y combatieran democráticamente todo lo que los obliga a ser dóciles y memoriosos, denunciar todo lo que les resta derecho a la inteligencia crítica y creadora. Bien harían si no fuesen autocomplacientes, si fuesen autocríticos y si se organizaran mejor para la lucha. Al lado de los trabajadores todos. Bien harían si pudieran revolucionar el estudio y la enseñanza ayudándose por quienes están de su lado y no sólo quieren «usarlos y egresarlos». Directo al desempleo con boleto sólo de ida. Estudiar es un trabajo arduo que forma parte de un proceso largo y muy complejo. Trabajo que da satisfacciones y descalabros, unos más que otros. Como corolario, digo que estamos hartos del autoritarismo, de la concentración del poder y la imposición de reglas y órdenes obedientes a al los mecanismos tradicionales de los represión, censura y temor al disenso de los regimenes autoritarios de todos los tiempos.

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