Paz, Pax, Peace, La Paix, Shanti, Frieden…

…y en todas las demás lenguas de este planeta, deberíamos pedir, a quienes tanto mal están haciendo sin respetar esta palabra, que es el anhelo de las mayorías y que debería ser la meta primordial de los que en él habitamos.

No tenemos la menor idea de los seres humanos que a diario mueren a causa de las guerras que en diferentes puntos del globo se están produciendo en estos momentos. ¿No alcanza con los desastres climáticos como para que nosotros los hombres produzcamos tantas miserias humanas? El resultado nefasto es el mismo: la muerte de inocentes.

Además, estos enfrentamientos van dejando, ya sea por motivos raciales, políticos, étnicos, por apetencias de los dirigentes de turno, enfermedades, hambre, desnutrición infantil, éxodos de miles de pobladores en condiciones paupérrimas, invalidez, separaciones de familias, niños a la deriva sin futuro, destrucción de viviendas y, como sello, llevando la muerte en sus mentes para el resto de su existencia.

Parecería signado el hombre en estos intentos. A pesar del desarrollo industrial del último siglo, de los adelantos conseguidos en la medicina, que han llevado a lograr combatir enfermedades devastadoras, de todo lo extraordinario que se llegó a conseguir en las comunicaciones, en el transporte, en la conquista del espacio, en los descubrimientos de laboratorio, que sirven para comprender muchos enigmas de la naturaleza y del género humano, y tantas otras conquistas, se retrocede a épocas cavernícolas con los muchos focos de enfrentamientos armados que se producen en estos días. El dinero que se invierte en armamentos es imposible de describir en números, mientras miles de niños mueren a diario, sin alimento, sin agua, contrayendo enfermedades de todo tipo. Por lo tanto, no me puedo explicar cómo no podemos, siendo mayoría los que estamos en contra de las guerras, frenar este genocidio.

El siglo pasado, con dos conflagraciones mundiales que se llevaron millones de seres humanos, no nos sirvió de nada para aprender. Ello ha sido producido por mentes retorcidas, que a pesar de ser un grupo minoritario, lograron que los demás se involucraran, con los resultados que todos conocemos.

Las invasiones a territorios ajenos por parte de los países más poderosos, que siempre se llevan a cabo con el propósito de apoderarse de las riquezas de aquéllos, se mantienen en el tiempo. Ejemplos nos sobran en las últimas décadas. Y el resultado, catastrófico.

Nuestro continente, que sufrió el siglo pasado varias dictaduras que han dejado huellas profundas e imposibles de olvidar, es otro ejemplo de la intolerancia del hombre.

Desde aquí, modestamente, hago un llamado a los países de Latinoamérica (aprovechando la coyuntura política), también a la ONU, para que cumpla con el papel que se le ha asignado, y así poder lograr vivir en armonía en este planeta tan hermoso que contiene tantas riquezas, que sin dichos enfrentamientos, es decir en PAZ, sería capaz de dar cabida y alimentos a todos los que en él habitamos.

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