El efecto búmeran

Resulta melodramática la postura ( por no decir desesperación) de los representantes de los partidos tradicionales (muy especialmente los del Partido Nacional) con respecto al gran tema de estos días: la reelección presidencial.

Como el lector recordará, este ítem formó parte de un paquete de medidas que dichos partidos impulsaron y lograron imponer modificando la Ley Electoral, cuyo fin primordial y casi exclusiva era detener el avance del Frente Amplio y ponerle vallas al previsible acceso al gobierno del país.

En aquel momento se impuso el balotaje, se separaron las elecciones nacionales de las departamentales en un marco de protesta generalizado por parte del FA que entendía que la propuesta no respondía a un régimen presidencialista, sino parlamentario, y se tornaba en una mera copia de lo llevado adelante por los gobiernos de Brasil y Argentina ( afines ideológicamente al gobierno uruguayo de aquel entonces, situación que no generaba ningún tipo de resquemores en quienes hoy los tienen respecto a las actuales simpatías regionales del actual gobierno uruguayo), con la diferencia de que en ambos casos se trata de Estados con constituciones federales y un sinnúmero de particularidades que los alejan enormemente de nuestra estructura política, electoral y partidaria.

Pero, evidentemente, en aquel momento lo importante era conformar un escenario para disimular el verdadero objetivo de la reforma: impedir que el Frente Amplio llegara al gobierno.

Hoy, con éste al frente del país y comenzando a cumplir con lo que prometió en su campaña y con lo que criticó de anteriores gobiernos, llegó el momento de estudiar una reforma de la Constitución que se adecue a la realidad del país.

Ello da motivo a que, sobre todo el Partido Nacional, que abandonó la lucha de guerrillas desde las cuchillas para hacerlo desde la colina Parlamento cuestionando todo lo que realiza, propone, o simplemente opina del gobierno luego de haber rechazado todo tipo de participación minoritaria –como le correspondía– en entes y organismos de contralor.

No hay naturalmente mucho fundamento legal detrás de sus argumentos, continúan apelando a las emociones, y buscan que el frondoso árbol que dibujan impida ver el monte.

Es cierto, hay una propuesta de cambio del régimen electoral, es más, nadie en el FA ha negado que entiende que Tabaré Vázquez es el mejor candidato con que cuenta la coalición pero, un partido que se autodefine como muy legalista, ha olvidado, a la hora de analizar la realidad nacional, que el país cuenta con cargos de contralor vitalicios precisamente en el organismo electoral, por decisión de nacionalistas y colorados.

Pero volvamos a lo esencial, la propuesta que ha despertado escozor incluye otras normas muy importantes sobre las que no se opina.

Nos referimos a una serie de propuestas que apuntan a mejorar el funcionamiento del Estado, a modernizarlo, a hacerlo más competente sin achicarlo (vieja fórmula neoliberal) y a que esté en condiciones de devolver a los ciudadanos servicios por los que pagan puntualmente.

Agreguemos que también se mejora la normativa con respecto a las empresas públicas de manera que puedan competir adecuadamente en un mundo globalizado y, sobre todo, reforma el funcionamiento de los organismos de contralor del Estado que, como hemos señalado, por la vía de los hechos se han convertido en unidades de control vitalicias en manos de blancos y colorados.

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