Pueblo chico, infiemo grande

El Partido Colorado, la colectividad política que más años gobernó el país, está en una profunda crisis que parece irreversible. Según las últimas encuestas, no recibe más del 9% de adhesión de la ciudadanía, luego de haber conducido el Uruguay posdictadura durante quince años y haber cogobernado otros cinco.

Actualmente, sólo está al frente de la Intendencia de Rivera, un departamento que no influye en los resultados electorales nacionales, a la vez que en Maldonado no cuenta con un solo edil.

En los últimos años, luego del fracaso electoral de 2004 y 2005, ha intentado reorganizarse, dándole estabilidad a los organismos de dirección y a la propia Convención. Una reciente elección de dirigentes juveniles pareció darle un nuevo ánimo, aunque no toda la dirigencia partidaria cree que sea una realidad esos más de 40 mil muchachos que fueron a buscar un lugar en la estructura partidaria.

Pero la mayor sorpresa es que Pedro Bordaberry, quien fue el candidato del Partido Colorado en las últimas elecciones departamentales de Montevideo, se perfila como el sector dominante, con mayor prestigio electoral.

El 42% de las adhesiones coloradas van para Bordaberry, mientras que los tres precandidatos foristas (Abdala, Viera y Hierro) suman cada uno 8%, José Amorín Batlle (Lista 15) 5% y Jorge Batlle también 5%.

Bordaberry, un activo ex ministro del Turismo, se perfila como el próximo líder indiscutido del Partido Colorado, pero en su mochila lleva la tragedia de ser el hijo del dictador Juan María Bordaberry, quien está preso por ser responsable de una serie de violaciones de derechos humanos durante el régimen de facto.

De confirmarse la supremacía de Bordaberry, los colorados se presentarían a las elecciones de 2009 desde el andarivel de la derecha, dejando el centro al Partido Nacional y la izquierda al Frente Amplio (estos dos partidos se disputan el centro progresista del país).

Esta realidad, que parece no va a sufrir cambios en los próximos tiempos, ya ha generado malestar desde el Foro Batllista, sector que no quiere ser vagón de la locomotora derechista conducida por el hijo del dictador.

Luis Hierro López, uno de los precandidatos foristas, ha dicho en las últimas horas que Bordaberry «tuvo definiciones sobre la dictadura y la democracia que no son las que debe expresar el Partido Colortado».

Y luego de pintarse la cara con los colores de la guerra, agregó que Bordaberry «terminó criticando sólo el decreto de disolución de las Cámaras, cuando en realidad se trataba de oponerse, sin eufemismos, al golpe de Estado y a los horrores de más de 11 años de oscuridad y persecución que significó la dictadura».

El nuevo líder no dudó en responder, bajando las tensiones como es su estilo, que está identificado con «los principios democráticos del Partido Colorado» y que Hierro «tuvo un mal día».

Estamos ante los primeros gestos de una guerra que parece comenzar. Lo que no debe sorprender, porque el Partido Colorado nunca revisó con seriedad su papel en la gestación y sostén de la dictadura.

No debe extrañar, entonces, que del vientre de esa colectividad política vuelva a surgir un líder conservador, reaccionario, derechista, aunque se maquille de tolerante.

Contradicciones y contracciones de un parto anunciado, donde como en todo pueblo chico los infiernos se vuelven grandes. Sólo basta esperar para ver.

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