Waksman

Escrito por: Por Roger Rodríguez - Periodista

Miércoles 09 de enero de 2008 | 8:48
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Murió un periodista. Guillermo Waksman era eso. Lo mató una enfermedad a la que se enfrentó con coraje y conciencia. El mismo valor e inteligencia que transmitió siempre en sus artículos. Desde antes de su forzado exilio a Chile, México y Suiza, y tras su regreso a Uruguay, cuando junto a un grupo de escribidores, muchos de ellos viejas plumas de Marcha, fue cofundador del semanario Brecha.

Daba miedo compartir aquella redacción que con Walkman integraban maestros como Carlos María Gutiérrez, Hugo Alfaro, Ernesto González Bermejo, Guillermo Chifflet, Héctor Rodríguez, Samuel Blixen, Guillermo González o Ruben Svirksy, y el grupo más joven que componían María Urruzola, Carlos Amorín, Héctor Luna, Marcelo Pereira, y otros. Allí, la conjugación del verbo era tan importante como la información.

Desde sus crónicas sobre temas judiciales, en su jefatura de información política o como director del semanario, Waksman era uno de los que se negaba a aceptar el gerundio que a los jóvenes se nos pegó luego de tener que leer durante años de dictadura los comunicados policiales y militares. Escribir simple para aclarar lo complejo, proponía.

Waksman no daba órdenes, sugería. Tampoco buscaba protagonismos. Estaba allí cuando ocurrían las anécdotas, pero no era quien las generaba. Detrás de sus bigotes espesos y sus lentes de lectura al borde de la nariz, sonreía frente a las historias de cárcel de los excarcelados o los cuentos de resistencia de los insiliados, en las noches de cierre de edición. Sus narraciones del exilio solían tener a otros en el papel principal.

Pero toda su modestia se transformaba en ostentación de certeza cuando sus dedos tecleaban aquellas viejas Remington con acento francés que luego derivaron en teclados de computadora. Sus análisis, sus crónicas, sus comentarios apuntaban al cerebro. La política, los derechos humanos, la sociedad en su conjunto, fueron centros de su preocupación para la conciencia de sus lectores.

Guillermo tenía 72 años. Había nacido en Montevideo. Con él, todos los periodistas que le conocimos nos sentimos morir un poco, pero en su recuerdo debemos renacer y seguir (perdóname el gerundio) escribiendo simple para aclarar lo complejo.

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