Ingreso de hogares y programa de gobierno
En la tarde de ayer, el Instituto Nacional de Estadística dio a conocer los datos de ingresos reales de los hogares uruguayos al mes de octubre pasado (ver página 12 de la presente edición). En el marco de su información sobre la caída de los ingresos reales de los hogares y per cápita tanto en el corto como en el mediano plazo, el Instituto esboza una cauta hipótesis. Según ella, la caída de todas las fuentes de ingresos, especialmente de las pasividades en octubre, y de éstas y los trabajadores por cuenta propia en el año finalizado en octubre se debería en gran medida a la reliquidación del impuesto a la renta de las personas físicas con más de un ingreso y que comenzará a hacerse efectiva en octubre. También los salarios reales, la fuente dinamizadora del aumento de la capacidad de compra de los hogares en el mediano plazo, habrían sido afectados por las reliquidaciones tributarias.
Probablemente, el INE debería haber agregado alguna explicación contextualizando la información sobre lo que está sucediendo con la capacidad adquisitiva de los ingresos de los hogares según perceptores no sólo en relación al impacto presumible del nuevo sistema tributario sino, esencialmente, a los impactos indeseados del peor de los impuestos, con el cual no tiene nada que ver la reforma: la inflación. Hay que ver esto con un poco más de perspectiva. Pero es notorio que el haber llegado a octubre con una inflación tocando el 9%, se ha constituido en la razón principal del deterioro relativo de todos aquellos ingresos que no hayan podido ser defendidos con éxito por la indexación anticipada. En el curso del último año, el ingreso salarial ha sido decisivo para impedir un deterioro más marcado del resto del ingreso de los hogares.
Por diferentes razones, el país no puede seguir soportando que el bienestar de los hogares esté determinado por un crecimiento real de los ingresos salariales en las proporciones actuales por mucho tiempo más. Esto tiene inconvenientes serios de competitividad y comprometerá aun más la ya debilitada estabilidad. Pero por sobre todas las cosas, la persistencia de esta constante generará una señal difícil de administrar para este gobierno: en esta perspectiva, la confrontación por la indexación y algo más sería la única garantía de mejora del ingreso real. Tampoco es posible que esa aproximación al bienestar en los hogares más pobres sin ingresos salariales esté jugada permanentemente a la asistencia social.
El indeseable impuesto inflacionario es mayor al previsto y ello debe ser vinculado por las propias oficinas que elaboran y explican los datos socioeconómicos a los problemas de la inclusión y la tranquilidad pública agregando valor didáctico y de uso a esas series. La inflación ha contribuido a mejorar los equilibrios fiscales y deteriorado el ingreso real de los más desvalidos. Estos han sido asistidos. Pero si el crecimiento no hubiera generado los incrementos tan elevados del otro impuesto complicado –el IVA– ampliando el margen de acción del gobierno, hoy tendríamos un escenario de conflictividad y disgusto social extendido.
En octubre, la inflación comenzó a ser enfrentada con casi todas las baterías disponibles por el gobierno. Sin embargo, lejos de haber sido eliminadas sus causas estructurales, tampoco es seguro que el gobierno y el Banco Central puedan asegurar que, en el cuadro de lo políticamente aceptable, este país podrá tener a mediano plazo una inflación de país serio. Aún la batalla por la estabilidad está lejos de ser ganada. Por el contrario, no está claro aún si se ha comprendido que sin ganarla, el gobierno corre serios riesgos de afrontar escenarios de definición electoral con desequilibrios y conflictividad crecientes. El gobierno está necesitando una unidad de comprensión mayor sobre las causas y eventuales consecuencias de cohabitar con esa criatura cuya capacidad de hacer daño no termina de valorarse. Y, luego de haber completado esa unidad de comprensión, este gobierno debe reclamar el concurso de toda la ciudadanía para apoyar políticas de estabilidad más duras a fin de evitar desbordes que afecten los logros alcanzados en estos cinco últimos años.
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