El debate sobre inserción internacional
Alguna publicación, algunos columnistas y muchos dirigentes políticos viven en función de atacar al FA en forma permanente y sistemática. Y cuando la realidad no condice con sus predicciones ni menos con sus apreciaciones, tuercen la realidad para acomodarla a su visión desenfocada.
He comprobado una vez más este fenómeno en dos análisis referidos al debate sobre inserción internacional en el reciente Congreso del Frente. Como este tema lo seguí de principio a fin: en el análisis de la Comisión especial previa al Congreso cuyo aporte se incluyó en el documento discutido en todas las organizaciones del FA, en la Comisión de inserción internacional y regional que analizó el primer tema del punto I de balance de la actuación del gobierno, y en el Congreso mismo, puedo opinar con conocimiento de causa.
Un rasgo común de los dos análisis mencionados es que se omite nada menos que el tema de Haití. Y éste fue un aspecto de especial definición y el único que venía con dos posiciones alternativas en el documento sometido al Congreso. Ya me referí a este punto en mi artículo del 22 de diciembre («Congreso del FA: una experiencia de unidad»). La discusión en la Comisión del Congreso estuvo precedida por un intercambio de opiniones en el encuentro de la Regional Sur del Foro de São Paulo, que analizó todas las facetas y las diversas opiniones sobre el tema a lo largo de un día entero, con participación de delegados de Argentina, Brasil, Paraguay, Chile y Uruguay, y acordó una posición común, contemplando todos los aspectos. La Comisión del Congreso concordó sin objeciones en hacer suyo este punto de vista, lo que fue luego compartido por el Congreso en pleno, sin ningún voto en contra (si no me equivoco). Reitero que este es un buen ejemplo de cómo el Frente puede discutir y llegar a acuerdos sobre temas complejos que admiten más de una visión, preservando el clima y la práctica de la unidad que le es consustancial.
Veamos otros aspectos. En uno de los artículos se dice que en el Congreso «se tomaron resoluciones relevantes y contrarias a la orientación dominante en el gobierno» (subrayado mío, NS), y se incluye entre ellas, en materia de inserción internacional, el «rechazo al TLC, reafirmación del Mercosur y apuesta al ALBA». El otro anda por un trillo similar, sostiene que se le marcó la cancha al gobierno, que algunos debieron «tragarse» sus opiniones, menciona el rechazo a un TLC similar al firmado por EEUU con Perú y dice que se «encomendó orientar esfuerzos hacia el ALBA y la Onasur».
Ante todo, una pregunta: ¿cómo se sostiene la afirmación de que esto se sitúa en contra de las posiciones del gobierno? No sólo el TLC no está en el orden del día, sino que en el documento original, aprobado sin objeciones, consta como un gran logro el entierro definitivo del ALCA (con estas palabras, pagina 16 del documento al Congreso) en la III Cumbre de los Pueblos y IV Cumbre de las Américas efectuadas en Mar del Plata el 4 y 5 de noviembre 2005, por la acción común de los presidentes de todos los países del Mercosur y de Venezuela, y en la cara del presidente Bush. Y éste era el plan maestro de EEUU para el hemisferio, y luego la base de los Tratados de Libre Comercio. Estas resoluciones se sitúan en los marcos de una política exterior independiente, soberana y de paz, al tiempo que se destaca el significado del Parlasur y del Banco del Sur. A mayor abundamiento, más adelante se señala que «la decisión tomada por el compañero Presidente de que el Uruguay no firme ningún TLC con formato definido, tal cual fue propuesto, es coherente con la línea programática del Frente y la defensa de los intereses del país» (página 18 del documento al Congreso). ¿Dónde está la contradicción con el gobierno?
Sobre los distintos organismos de integración, lo que se procuró es compatibilizar, armonizar, adecuar las distintas iniciativas que están sobre el tapete. No quiere decir privilegiar una sobre las otras, sino ensamblarlas, apuntando a la conformación de un organismo único que las englobe. Ese fue el sentido de la discusión, resumido así: «Es necesario transitar caminos que conduzcan a la vinculación y cooperación más profunda entre Alba y Mercosur, así como avanzar en el camino de la Unasur». Más adelante se reclama «impulsar en todos los niveles la Unasur». No caigamos pues en falsas contradicciones, o en tomar por contradictorio lo que es complementario, como aconsejaba Vaz Ferreira.
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