La democracia siempre espera ilusionada

En nuestro Uruguay, al llegar el fin del año 2007, los hechos se precipitaron. Conjurados los tiempos, aluvionaron algunas resoluciones judiciales de profundo impacto en la vida política y económica del país.

Procesamientos penales relevantes de personas vinculadas al quehacer político, ya sea por pertenecer a él o por haber actuado contra y sobre el mismo, o con jugados respaldos políticos dados al más alto nivel a titulares de conductas judicialmente consideradas penalmente sancionables.

Al mismo tiempo, una señera sentencia de la justicia civil establece en esta semana, el fin de la legitimidad del mecanismo de las ocupaciones de lugares de trabajo por una minoría de personas, que muchas veces no pertenecen a la plantilla de trabajadores de la empresa ocupada. Casos en los que un pequeño grupo ocupa y cierra los lugares de trabajo, contra la voluntad de la abrumadora mayoría de los trabajadores que se oponen a esa ocupación de hecho.

Mas allá de toda otra consideración, queda claro que cada ciudada compartirá o no el fundamento de cada una de las sentencias judiciales recaídas, pero la comprobación de su acatamiento pleno por todos es un síntoma claro de una beneficiosa e imprescindible salud institucional del país, reconstruida paciente e inteligentemente desde 1985, tiempo al que hay que necesariamente sumar jalones históricos anteriores, que produjeron la re-institucionalización posteriormente sostenida.

Hoy asistimos a casos de ausencia total de la imprescindible sencillez republicana en el ejercicio de la función gubernamental de la que transitoriamente son titulares, por parte de algunos operadores del gobierno, o bajo sus improntas directrices, por parte de la administración. No todos, es verdad, pero es notorio que hay áreas donde se está actuando sin el debido respeto al ciudadano, casi al borde de la concusión o del abuso de funciones o desde la cuasi-arbitrariedad que es su más dilecto instrumento.

Marcar la línea de estilos y conductas, desde el ejemplo y desde el instructivo preciso, es un mandato de la hora, mucho más cuando se gobierna la administración desde el monopolio excluyente de un partido único en el poder, en todas las áreas gubernamentales del país.

Una cosa es el estado fuerte e inteligente en el que creemos firmemente y otra el estado tiburón, invasivo y arrogante, que es un vicio imperdonable de la gestión democrática.

Las sociedades y las administraciones se acoplan a esos ciclos, y la función pública sobreviviente y permanente, que supo sobrevivir felizmente a la arbitrariedad prepotente de una dictadura, sabe por experiencia propia, que más allá de los embates de impulsos voluntaristas sin sustento, quienes hoy les mandatan pasarán y les dejarán solos con su responsabilidad y sin la turbia protección de la obediencia debida.

Por eso el cumplimiento de la ley, la racionalidad, el buen trato y el espíritu constructivo en el cumplimiento del deber funcional son el único amparo conocido.

Lo demás sólo son palabras que poco valdrán a la hora de la hora, cuando el sillón desde el que hoy se imponen facilismos, esté ocupado por otras personas que la democracia siempre espera ilusionada, sean mejores que las que estuvieron antes.

Hace tiempo y en sentido coincidente, publicamos en estas mismas páginas editoriales con nuestra firma que tituláramos entonces: «SIN EL DEBIDO RESPETO». octubre 2006, o en febrero de 2007, PODER EXCLUSIVO Y EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD, o el 7 de setiembre de 2006: LA CLAVE DE BOVEDA DEL FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA DE CONVIVENCIA DEMOCRÁTICO, entre otros. Nuestra preocupación sigue siendo por lo menos la misma de entonces y no sólo para el Uruguay.

Creemos firmemente en la concepción republicana, constitucionalista y humanista del ejercicio de la función pública y del gobierno de una nación.

Por fuera de ella, sentimos que sólo anida la peligrosa arbitrariedad y el abuso del poder, aun en el mero ejercicio funcional en su modesta y cotidiana relación con cada habitante del país, todo sin ingresar a analizar la deleznable acción de la corrupción, que es otro pero muchas veces emparentado tema.

Mientras tanto, renovamos la ilusión, con nuestros mejores deseos de un venturoso año 2008, para vivirlo en paz y en solidaria libertad.

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