Cristina y Tabaré, por la reconciliación
La paz, quizás navideña, se está acercando. Uruguay y Argentina comienzan a mirarse de reojo con cierto cariño, propio del afecto perdido que se quiere reconstruir. Tabaré Vázquez dio un paso grande cuando demostró cariño por el hermano pueblo argentino, cuando le entregó el mando del Mercosur a Cristina Fernández de Kirchner, la presidenta de Argentina. Ella, por cierto, esta vez retribuyó de la misma manera y entre los dos sacaron la problemática de Botnia de la agenda del Mercosur, aunque más no sea circunstancialmente.
Los dos parecían dos muchachitos que alguna vez habían sido novios y que ahora, como si se hubieran conocido de toda la vida, intentaban reconciliarse o por lo menos bailar una simple pieza mirándose a los ojos. Una sola, para por lo menos olvidar los malos momentos. Los participantes de la fiesta cuchicheaban a la vez, siempre en voz baja, sobre el significado del reencuentro. Una de las señoras más viejas, especialista en estos temas de los desencuentros afectivos, le decía a la otra, tan experiente como ella: «Esto no va a ser fácil, pero qué linda pareja es».
No, no va a ser nada fácil y seguramente todo termine ante el juez o el cura (La Haya), quien tendrá la última palabra, con resultado imprevisible como si fuera una final entre Argentina y Uruguay, con 22 tipos que corren detrás de una pelota para meterla dentro de un arco. Mientras la Justicia se expide, los dos bailarines volverán a encontrarse, porque viven en el mismo barrio, y tendrán que construir formas de relacionamiento civilizadas, afectuosos, inteligentes, porque después de que la Justicia se expida, ninguno de los dos podrá irse del barrio y en cualquier esquina, en cualquier barrio, volverán a cruzar miradas, señales y gestos.
El lunes, cuatro destacados intelectuales argentinos plantearon algunas ideas que vale la pena considerar y que pueden ayudar a la reconstrucción de la hermandad. Por ejemplo, dicen que el conflicto por Botnia «es grave y amenazador» y que mientras se espera la resolución de La Haya es necesario ir «creando y recreando ámbitos de colaboración, convergencia y concordancia».
Estos intelectuales temen que los piqueteros «puedan concebir la idea de una fuga hacia delante, estimulando la aparición no necesariamente de un mártir, pero sí de la dosis de represión directa que altere la índole del conflicto».
Para impedir lo que sería una tragedia, proponen una serie de puntos. Entre ellos destacan que Argentina debe asumir que la planta de Botnia opera «con las mejores tecnologías medioambientales disponibles actualmente en el mundo» y que los dos países realicen «activos y permanente controles sobre la planta».
Consideran también que Argentina debe impulsar «la institucionalización de un monitoreo conjunto» estatal y de la sociedad civil de ambos países.
Por último, estas personalidades –José Eliaschev, Vicente Palermo, Roberto Russel y Juan Gabriel Tokatlián– sostienen que hoy se impone «la inteligencia política y la concordia de los espíritus».
En esta temporada de verano se va a jugar mucho, porque será en el este uruguayo donde otra vez, como ocurre en todos los veranos, argentinos y uruguayos nos encontraremos para disfrutar de una construcción en común.
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