La indignación no les sienta
Señor jefe, si usted cree que la moral del Ejército está afectada por causa de un asqueroso y cobarde anónimo y las posibles irregularidades en la compra de armas, con todo respeto se lo digo, usted nos quiere tomar por idiotas.
La moral del Ejército y otras fuerzas están condenadas por el pueblo democrático porque no aparece definitivamente la verdad.
La orden que usted tiene que dar es que digan la verdad de dónde están los desaparecidos y no a «unirse más que nunca» porque entiendo que quiere decir que ya existe una unión para no decir dónde están y qué pasó con los compatriotas desaparecidos.
Su indignación, sinceramente, a mí me tiene sin cuidado. Yo la indignación que respeto es la de los familiares de los desaparecidos, que están cansados de tantas mentiras de parte de ustedes.
El Presidente de la República es su jefe y tiene el derecho a hacer las denuncias que crea conveniente y usted se las banca callado; no sienta «indignación» por algo que tiene que entender que es natural. Mire que les cuesta trabajo entender que el comandante en jefe es el Presidente y, mal que les pese y aunque no les guste, de izquierda y elegido libremente por el pueblo.
Cuando hablamos de la gente, del pueblo, hablamos de la inmensa mayoría de los uruguayos a los que usted no representa. Suficiente daño hicieron para que ahora se hagan los indignados ante este hecho.
Yo la tengo bien clara, en este país todos son inocentes hasta que se demuestren lo contrario, pero para mí todos los militares son culpables hasta que nos demuestren lo contrario.
Que quede claro, nosotros(yo) entiendo que nuestras fuerzas armadas deben importar e importan mucho creo que a todos los uruguayos. No pienso en ellas como factor de poder ni tampoco en su condición puntual, o de riesgo garantía o amenaza del sistema democrático. Son parte importante de la nación pues no las consideramos afuera ni enfrente, sino adentro.
Nuestro Ejército es fundacional pues la patria nace a la vida independiente por la rebelión de los paisanos en armas. A los mismos que ayudaron a crear el país se les puso uniforme y se les confió la defensa de sus fronteras y sus leyes y, como toda institución nacional, no son ni nuestras ni de sus integrantes, sino de la República toda.
Por eso creo que no puede inferirles mayor agravio que el responsabilizarlos institucionalmente por la conducta de cada uno de sus integrantes.
Todos queremos ver a las fuerzas armadas integradas a la sociedad y estoy seguro de que todos lo queremos, pero no hay que equivocarse de caminos. Los uruguayos no quieren venganza, saben bien que con ella no se construye el porvenir, pero tampoco olvidando.
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