Tirano
Atabaque
En Uruguay no existe la pena de muerte. Suerte para algunos, para los que aun muriéndose no sería suficiente.
Aunque haya cosas irrecuperables, sobrepasadas de arbitrariedad y padecimiento como las que se han perdido en el transcurso del terrorismo de Estado, donde al decir de Idea Vilariño, «… el dolor ya no cabe y la tristeza no alcanza», el ser humano necesita, necesitamos, de alguna manera, percibir el incipiente equilibrio de la balanza. Saldar mínimamente deudas que son de factura popular y que trascienden a los actores individuales.
En ese sentido, un pueblo entero fue picaneado, violado, encerrado, asesinado y desaparecido en las mazmorras de la degradación militar y de algunos miserables civiles, de la que Uruguay sin embargo convaleció, se repuso y enfrenta cada vez con más salud y fuerza. La privación de libertad física es la máxima pena que le espera al «Goyo» Alvarez si los tribunales determinan que su causa siga adelante con prisión. Eso y la condena social, tal vez muy similar a muerte cívica o exclusión de por vida de la sociedad, será el grado máximo de «martirio» que soportarán quienes vilmente sometieron a indefensos maniatados, incluso mujeres y casi niños. «Valientes soldados en guerra» contra seres encapuchados y semimuertos.
El boicot nacional, el acorralamiento, la cárcel, aun duros de sobrellevar, son regalo de Navidad al lado de aquellos días.
Los corazones de nuestros jóvenes poetas nacen llenos de ausencias sin motivo aparente. Su imaginación es alimentada por seres etéreos que flotan entre nosotros y soplan a los oídos letras y melodías, historias cercanas y a veces olvidadas de infinitas penurias. Sin haber visto ni vivido el pasado reciente, surgen en los nuevos artistas versos que hacen volver a tener cuerpo y forma entre nosotros a los que no están. Y cientos de miles de gargantas entonamos la alegría y la nostalgia juntas, un sentimiento nuevo que mira de frente al horror para que huya para siempre y sanemos de toda dictadura o aberración semejante. La banda «No te va a gustar» hizo una canción contra las tiranías.
Cualquiera. Todas se parecen. «…es que quiero creer que no sos consciente… porque nunca verías a un hijo morirse de un tiro en la frente». «¿qué se siente al no sentir dolor?» «de rodillas ante vos el mundo entero, entre lágrimas y sangre por el suelo, indefensos sin salida y sin consuelo»; «tirano, mil plegarias en vano no sirven para que te mueras temprano, tirano…» Si sucediere, estamos legitimados moralmemente para celebrar el procesamiento con prisión del dictador Gregorio Conrado Alvarez Armelino, alias «el Goyo», hombre fuerte del régimen represor. Por más que vaya a misa los domingos, no puede haber Dios que escuche a un porfiado sanguinario, perverso contumaz e impenitente. ¿Qué dirás mientras rezas si no pides perdón por torturar al pueblo de por vida?
No festejaremos el sufrimiento de nadie, sino la recuperación del valor Justicia para nuestro país.
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