Un ajuste de precios inevitable

No existe quien aplauda una suba de precios. Sin embargo, los contextos, las fundamentaciones, las realidades detrás de éstos pueden ser muy diferentes y hasta aceptadas como lógicas.

Será muy difícil que algún grupo empresarial no haga sentir su descontento con este aumento de precio en algunos combustibles (no en todos).

Pero, se partió de un barril de petróleo a U$S 54 el barril cuando asumió este gobierno y actualmente cuesta U$S 93. Casi el doble.

Con esta realidad, se han buscado innumerables mecanismos (que incluyen la participación en un pozo petrolero en Venezuela) para atenuar el impacto de un problema mundial que nos golpea duramente por carecer de recursos energéticos propios.

Rebaja de impuestos, eliminación de impuestos, búsqueda de nuevas alternativas energéticas (renovables y nuestras), acuerdos beneficiosos de pago del crudo consumido en el país, forman parte de un amplio menú desplegado por las autoridades energéticas.

El arrollador avance de la especulación de los grandes capitales internacionales que origina esta burbuja en el precio del crudo, llevó al gobierno a recurrir al subsidio del combustible para no hacer caer todo el peso del aumento en el sector productivo y en la población.

Todo proceso energético necesita de un tiempo prudencial para su desarrollo, no es como en el campo que en primavera se siembra un grano y en otoño otro. Acá hablamos de años. Años para recuperar lo que no se hizo durante 15 años, años para desarrollar ideas, nuevas tecnologías por parte de un país pobre que necesita ayuda financiera y técnica para sacar adelante cualquier emprendimiento.

No hay fórmulas mágicas que nos permitan aislarnos de una realidad internacional que nos determina. Lo que sí hay es la determinación a no caer en la resignación sino, por el contrario, a buscar con más fuerza la o las formas de ir encontrando nuestro propio camino, y ello es lo que explica los continuos viajes que realizan las distintas jerarquías energéticas en busca de nuevas opciones que nos permitan ir reduciendo nuestra gran dependencia de un producto manejado inmoralmente por el capital financiero internacional.

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