En el país más rico, uno de cada diez pasa hambre

M ás de 10 por ciento de los habitantes de Estados Unidos pasa hambre, y los programas gubernamentales de asistencia alimentaria no pueden resolver el problema en el país más rico del planeta. Una gran paradoja para la potencia que pretende imponer sus recetas económicas a través de los TLC, TIFA y otros formatos, a los países latinoamericanos.

Más de 35 millones de personas en este país de 294 millones sufrió hambre el año pasado, 390.000 más que en 2005, según el último informe sobre Seguridad Alimentaria Hogareña del Departamento de Agricultura. De ese total, 12,6 millones son niños. Esto significa que casi 20 por ciento de la población infantil de Estados Unidos no tuvo suficiente comida o, si la tuvo, no puede dar por seguro que seguirá siendo así en el corto plazo.

El costo de la comida, la energía y la vivienda sigue aumentando, mientras los salarios se congelan o bajan. La economía familiar está contra la pared. A tal punto, que el Estado debe asistir mensualmente a 26 millones de personas, permitiéndoles usar los cupones, en lugar de dinero, para comprar alimentos incluidos en una lista predeterminada. Sin embargo, la asignación promedio de un dólar por comida por persona no alcanza para pagar alimentos nutritivos y adecuados.

Según los datos oficiales, 10,4 por ciento de los adultos en Estados Unidos y 17,2 por ciento de los niños pasaron hambre en 2006.

De los 35,5 millones de personas que lo sufrieron, 11,1 millones viven en hogares considerados como de «muy baja seguridad alimentaria», un nuevo término acuñado por el gobierno en reemplazo de «inseguridad alimentaria con hambre». El total aumentó a este nivel de los 10,8 millones registrados en 2005.

La cifra coincide con otros estudios que revelan el deterioro de las condiciones de vida de los más pobres.

Los hogares de familias negras y las de origen latinoamericano son los que más sufren el problema. En ellos, la inseguridad alimentaria llega a 21,8 y 19,5 por ciento, respectivamente.
Estos datos concuerdan con estudios oficiales según los cuales no hubo cambios en los niveles de pobreza, a cinco años del fin de recesión económica en Estados Unidos.

La tasa de pobreza se mantiene sobre el 11,3 por ciento registrado en 2000, último año en que se constató una reducción.
En las áreas rurales, la pobreza se mantiene a un nivel de 15,2 por ciento, tres puntos porcentuales sobre el promedio nacional. El año pasado, 7,2 millones de personas que viven en el campo cayeron bajo la línea de pobreza a pesar del sostenido aumento en los precios de los productos agrícolas.

Los niveles de pobreza para los niños y adultos en edad para trabajar no se modificaron respecto de 2005 y están por encima de los registros de 2001, cuando la recesión económica tocó fondo.
Según el Censo de Estados Unidos, había 36,5 millones de pobres en 2006, casi tantos como el año anterior.

El sueño americano es una pesadilla para muchos, en especial para los negros, los hispanos y otras minorías. Casi 70 por ciento de los negros cuyos padres estaban en el quintil medio de ingresos cayeron en los dos casilleros de ingreso inferiores. Las familias negras de Estados Unidos han estado significativamente rezagadas respecto de las blancas en materia de ascenso económico en los últimos 35 años.

La Coalición contra el Hambre de Nueva York indicó que más de 1.3 millón de residentes -cerca de una de cada seis personas- viven en hogares donde escasea la comida. La coalición, que representa a unas 1.200 ollas populares, denunció al gobierno por cortar 5,4 millones de kilos de ayuda federal.

La gran potencia del norte, que destina presupuestos millonarios para guerras inmorales, no puede darle de comer a sus ciudadanos.

El sueño americano, que nos quieren vender, no es tal. Lo afirman millones de ciudadanos estadounidenses que siguen esperando. Estados Unidos es la única nación rica que se permite tener gente pasando hambre. *

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