Garantizar ahora una perspectiva inédita de creatividad política y ambición nacional

Si nada inesperado sucede en los próximos meses el país ingresará en 2009 en un escenario tan interesante como delicado en lo que refiere a las decisiones de política que deberá enfrentar el país al término del primer período de una administración de izquierda. Hacia ese período crítico se estiran ahora las proyecciones más interesantes. De la información y el método con el cual se realicen esos ejercicios prospectivos dependerá parte importante del ajuste de políticas que serán implementadas en los próximos meses. Los ajustes y correcciones de política que deberá instrumentar el gobierno en el corto plazo dependerán del resultado de la simulación de los escenarios más probables de mediano plazo. Los privados tienen una y la del gobierno debería coincidir en grandes líneas con ella.

Uno de los aspectos novedosos de esa simulación del escenario 2009 consiste en que, como pocas veces en la historia reciente del Uruguay –2004 fue una aproximación interesante–, el país pudiera arribar al año electoral con equilibrio fiscal global. Ello supone que luego de haber cumplido parte considerable de su programa, el gobierno estaría conformando las bases de un tránsito eventual hacia otras metas sin que el desequilibrio y los déficits sempiternos de la economía uruguaya obliguen al próximo gobierno a comprometer tiempo y recursos en la obtención de ese equilibrio imprescindible para poder gobernar con cierta tranquilidad y capacidad creativa real.

Ese escenario de 2009 –finalización de la primera administración de la izquierda con muchos de sus objetivos cumplidos y cuentas en orden– está efectivamente al alcance de la mano. Las matrices de riesgo con las que trabajan las calificadoras admiten perfectamente esta posibilidad y soportan incluso algunos estrés de impactos adversos medianos. Naturalmente que lo más importante de estos ejercicios de simulación no consiste en cuál será la tasa de interés o el ingreso, o cualquiera de los renglones del análisis de una proyección económica rutinaria. Lo sugerente es el potencial que se desprende de una tal prospectiva en términos de pensamiento y elaboración política. Lo interesante es que en esa línea de razonamiento, el análisis más exigente coincide en que está al alcance de este gobierno la posibilidad de situar la discusión política actual de una perspectiva desconocida. De alguna manera, los uruguayos pudiéramos estar transitando días en los cuales aquella vieja consigna utópica: «La imaginación al poder», se transformara en una posibilidad real de creatividad política fundada en la razón y la ambición. Convertirla a la vez en estímulo y directiva para ajustar políticas inmediatas y darle un aire fenomenalmente útil a la discusión programática que se avecina.

Claro que, para poder trabajar realmente en esa perspectiva, el país y su inteligencia política necesitan algunas garantías. Esas garantías estarán o no, contenidas en los ajustes que el gobierno realizará de su programa y sus ejecutivos en estos próximos meses. Si el core del gobierno logra liderar con la fuerza y los argumentos requeridos este período de correcciones que adviene, y lo hace con ese fundamento que surge de combinar posibilidades reales y una ambición mayor, tenderemos ajustes muy interesantes del plan del gobierno surtiendo la información y el análisis.

Si el gobierno no logra proveer esas garantías, articulando consensos mayores para ejecutar los ajustes inmediatos que garanticen esa perspectiva espléndida, entonces esta comenzará a oscurecerse detrás de los desequilibrios que comenzarán a proyectarse.

En ese caso, nos embarraremos en una discusión menor, de pobres resultados dado que le habremos cerrado la puerta a esa salida nacional hacia la cual apuntaría eventualmente una segunda administración de la izquierda; enmarcada ahora en un acuerdo de mayorías detrás de metas de reconstrucción y proyección nacional fantástica.

De allí la delicadeza de este continuo que pudiera abrirse ahora extendiendo hacia el futuro en dimensiones desconocidas.

Frente a esta perspectiva, implementados los ajustes de política necesarios para asegurar esos escenarios, establecidas las garantías necesarias con la oposición y las fuerzas sociales responsables, precipitar confrontaciones menores que sólo resquebrajarían esa plataforma posible sería una práctica criminal y, necesariamente, punible con todo el peso de la ley. *

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