Argentina: simulación de un simulacro
Desde hace varios años en el Hospital de Clínicas, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, se viene profundizando un proceso de vaciamiento que incluye la privatización de sectores, la polifuncionalidad de los cargos, y el desfinanciamiento del presupuesto de mantenimiento e infraestructura. Este hospital, que fue puesto como modelo de «autogestión» en los 90, se encuentra actualmente con un déficit (NO CUANTIFICADO SERIAMENTE), pero que en forma práctica se evidencia por la suspensión de la provisión de insumos para su funcionamiento integral, su estado edilicio, el abandono del mantenimiento de equipos y la no-renovación de los mismos, ni la inclusión de nuevas tecnologías.
El fracaso de la gestión, sumado a la injerencia de los sindicatos en el presupuesto, ya de por sí insignificante, asignado al Hospital de Clínicas en innegable, y estoy hablando del Hospital que mayor caudal de pacientes concentra (2000 por día) pacientes con necesidad para su resolución, asegurada desde hace años por la excelencia de su equipo humano y la calidad del personal profesional, instancia de la que doy fe pues me atiendo allí hace tiempo y deseo resaltar cuando asistí días pasados por una urgencia como he sido tratado en este caso por la doctora Enriqueta Martínez (en la guardia), con idoneidad, sensibilidad y celeridad.
Sí, hablo del Hospital de Clínicas General San Martín, dependiente de la Facultad de Medicina, hospital de referencia que funciona en la Capital y atiende a personas de todo el país.
Hablamos de un Hospital Universitario que a diario capacita a aproximadamente 4.000 alumnos de la facultad que pronto serán médicos, médicos residentes de todas las especialidades y de todo el país, médicos del exterior, que además participa de la formación continua del conocimiento de médicos y carreras afines
La Universidad de Buenos Aires se sostiene con el trabajo gratuito de miles de docentes, no dispone de becas para los estudiantes y cuenta con sedes ruinosas que no aprobarían una mínima inspección de condiciones de seguridad. En fin, este estado de cosas se puede serializar en cuanto Hospital funcione en la Capital, por supuesto en estado deplorable que no condice con los discursos de campaña de nuestros deplorables dirigentes: Argentina tiene un sistema de salud pública ¿colapsado? y no puedo dejar de asimilar este hecho con el conflicto Argentina-Uruguay por plantas de celulosa, donde Argentina esgrime, entre otros argumentos, el tema salud, es anacrónico pues la salud en este país funciona por obra y gracia de profesionales con vocación de servicio, coraje, idoneidad que cabe destacar… quizás son los indicados para opinar acerca del impacto en nuestro organismo de lo producido por la papeleras. La palabra simulación podría aplicarse a nuestros políticos, pues cómo explicar el abandono de la salud pública, para no hablar de calidad ambiental, que en la Ciudad de Buenos Aires es terrorífica dado el grado de contaminación que sufre la misma. Simulacro también puede aplicarse al accionar de nuestros diplomáticos, frente a un pueblo que lo soporta todo y parece que ya le ha tomado el gusto: nadie opina, se vive un estado de anestesia y temor que ya no se puede ocultar. Las elecciones de octubre parece que fueron hace años y no puedo dejar de sentir que la resistencia ante las injusticias y demás ditritus en Argentina no existe, la oposición forma parte del pasado, los distintos candidatos parecen ser de un partido único. Uruguay, por otro lado, inauguró en Fray Bentos la planta de celulosa; Argentina no emitió respuestas, dando espalda al reclamo del pueblo de Gualeguaychú, al que prometió asistir en «todos los frentes», cuando el gobierno en pleno estuvo en dicha localidad entrerriana.
Lo cierto es que el conflicto va «in crescendo» pues no se puede ni se debe ignorar el papel fundamental del pueblo de Gualeguaychú que no retrocederá de ningún modo ante los reclamos de detener el funcionamiento de Botnia. El corte de frontera por orden del doctor Tabaré Vazquez marca un punto de «no retorno» en cuanto a que existe una posición tomada por Uruguay, no así por Argentina en su histórica y bucólica política de dejar hacer «ante la inminencia de los hechos ya consumados»: una apelación al vacío. Sin embargo debo presentar las instancias de tal manera para que no se conviertan en una visión apocalíptica.
Apuesto por afrontar y solucionar esta controversia, en mi calidad de filósofo y ambientalista de la primera hora en América Latina. Sin la fuerza de los acontecimientos es muy difícil ser escuchado. Fui escuchado en la zona de conflicto, a pesar de la tarea de los informantes y acólitos de siempre que intentaron anular mi accionar (siempre a favor del entendimiento, de la existencia personal, cultural y de la vida). Naturalmente que las personas que componen el pueblo de Gualeguaychú son los primeros actores de esta desgraciada instancia, que no tiene antecedentes en lo que hace a nuestra historia: un pueblo levantando la bandera de sus derechos y poniéndolos en acto.
Pero reclamo a los gobiernos y a políticos «no mentir ni especular» acerca de lo que hace a nuestra calidad de vida, que se establece en el territorio que habitamos y ellos intentan gobernar, con impericia o en el peor de los casos haciendo caso omiso a pactos preexistentes: «Protocolo adicional del Mercosur». En este ámbito se debe avanzar, mediante un monitoreo intensivo de las informaciones; se deben establecer sistemas de alerta temprana y determinar oportunamente los puntos críticos.
Es fundamental el cambio de modelos de producción y consumo, relacionado con «la producción limpia», evitando residuos no degradables (tal el caso plantas de celulosa).
En forma urgente debemos intensificar la discusión sobre el tema «suelos». Debemos estabilizar el potencial productivo de los suelos evitando su contaminación e implementando su saneamiento.
Se debe en forma urgente crear una comisión para el tema ambiental, conformada por especialistas ambientales y no espontáneos ambientalistas que con sus buenas intenciones no lograran desenredar esta coyuntura en la que están sumidos Argentina y Uruguay.
Señalo lo imprescindible de la necesidad de más especialistas al servicio del medio ambiente y no del Banco Mundial, ni consultoras al servicio de instituciones del poder, para actuar en crisis como la planteada hoy.
En el año 1992 asistí en mi calidad de ambientalista a la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, sin representar a nadie, solamente a los millones que no tenían representación, pues los mandatarios allí reunidos no representaban legítimamente a sus pueblos, pues a no olvidar que los intereses políticos se anteponen a cualquier instancia: aun la vida misma, y de no ser así, ¿por qué las guerras?
Debemos admitir y constatar que existen gravísimos problemas relacionados con una crisis de credibilidad en lo que a jefes de estado y soluciones diplomáticas se sucedan.
La solución de muchos de estos problemas ha partido de otras organizaciones.
Lo que debe estar en la mira de quienes tienen responsabilidad y conocimiento de lo que hace a medio ambiente es el desarrollo de normas jurídicas vinculantes de protección ambiental. Debemos configurar un fundamento político que también es una condición indispensable para una política de paz orientada hacia el futuro. Es indispensable modificar en 180 grados la situación planteada. Es posible.
A no olvidar que la ley sobre la protección de la naturaleza ofrece a las autoridades (hoy tan reduccionistas en sus conceptos) declarar zonas de monumento natural en base a su importancia científica.
Es muy difícil predecir lo que el futuro depara en lo que hace a las relaciones entre Argentina y Uruguay.
Me preocupa con la levedad con que se aborda el tema, que a mi entender no es económico o financiero; pienso que el tema puesto en la mesa del libre comercio con USA forma parte de una estrategia muy hábil del país del n
orte para enfrentar a dos países vecinos, como dije en alguna editorial: ¿otra Guantánamo? La inutilidad del Mercosur para arbitrar me apabulla. Tanto coctel, tanto hermano sudamericano, tantas buenas intenciones: hay que legitimarlas en acto.
El más pequeño éxito me alegraría enormemente. Sin embargo, reconozco que guardo cierto escepticismo en cuanto a un feliz término de este interrogante de enormes dimensiones que hace al «affaire Fray Bentos». La consigna del día debería ser como meta prioritaria «toma de posiciones».
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