El juez español que "vio" etarras en Uruguay tiene quien lo alabe
La última reunión de ministros de Justicia de Iberoamérica hubiera pasado desapercibida si no fuera por «la salida de libreto» del cada vez más famoso juez español del caso 11 M, Javier Gómez Bermúdez. Era un evento más en los que se habla mucho, se dice poco, se disfruta más y se concreta menos. Buen pasar, en el confort que ofrece el Conrad de Punta del Este, el encuentro de juristas era una buena ocasión para zafar por unos pocos días de los exigentes avatares que representa el ejercicio de la presidencia de la Sala en lo Penal de la Audiencia Nacional de España.
Pero seguramente el mediático magistrado pensó que no tenía mayor sentido haber cruzado el océano sin «enseñar» a los uruguayos a «ver» lo que por incapacidad, desidia o quién sabe qué ocultos designios, se negaban a hacer.
Así fue que el juez rompió la monotonía y el jueves 15 mantuvo un contacto con la prensa.
Explicó cuáles eran las ventajas de coordinar los esfuerzos entre los países y las regiones para el combate más eficiente al terrorismo.
Sus dichos parecían encaminarse a crear conciencia en un tema que, si bien preocupa al mundo entero, afectó y afecta directamente a los países del primer mundo que han protagonizado, o protagonizan, aventuras bélicas de dudoso o nulo sustento jurídico, ético y político. Hasta que sobrevino lo inesperado, un anuncio que metía miedo. El juez del 11 M nos avisa que en Uruguay «hay una concentración de elementos terroristas de la banda ETA».
Cosas veredes
Lo primero que cruzó la mente de este y seguramente otros periodistas, es que un magistrado de la investidura de Don Javier Gómez Bermúdez advertía a la prensa, y a través de ella a la opinión pública uruguaya e internacional, que los expertos servicios de Inteligencia de la monarquía mediterránea habían detectado una célula, o al menos un embrión de célula terrorista en nuestro territorio nacional.
También era de orden suponer que el magistrado había presentado una acción de extradición por las vías que el derecho internacional establece.
Era impensable imaginar que nada de esto ocurriera. Sería deshonroso que en tránsito en país soberano, una autoridad de su porte emitiera juicios tan categóricos sin acompañar la grave acusación de las correspondientes pruebas, evidencias y mucho menos respaldo documental.
Las averiguaciones, por desgracia, confirmaron el peor escenario.
Gómez Bermúdez se despachó porque así lo quiso, sin medir las consecuencias de la imagen internacional del país anfitrión, y en consecuencia, sin considerar el respeto debido a las autoridades políticas y judiciales nacionales. Cosas de este mundo globalizado que quizás no terminemos de entender en una república que busca un sitio en el concierto internacional en base al respeto de las normas de derecho que regulan las relaciones entre naciones civilizadas y no siempre encuentra el resultado esperado.
Tan disímil es la mirada de unos y otros, que la asistente del alto juez expresó vía telefónica a este periodista su malestar por la cobertura del corresponsal Ricardo Almada y del diario que, lógicamente, dedicó en su edición del viernes 16 un destacado despliegue a tamaña irrupción mediática de Gómez Bermúdez.
Se le contestó, en diálogo extenso y por momentos no exento de rispidez, que el corresponsal no había hecho otra cosa que reproducir las palabras del ilustre visitante, que a su disposición estaba la grabación. Más aun, se le invitó a la colega Elisa Leni a que el juez, o ella en su nombre, escribiera una nota precisando el alcance de los conceptos vertidos, sin límite de extensión, que se le publicaba de inmediato.
Ello no ocurrió.
Negocios de familia
De Gómez Bermúdez y su asistente Elisa Leni no tuvimos más noticias. Hasta ayer, en que una perdida información en Internet indica que mañana se presenta un libro en Madrid acerca de la vida y obra del juez.
La sorpresa mayor fue conocer que la autora es la asistente, Elisa Leni, quien es además esposa del magistrado. Todo queda en familia.
De acuerdo con el informe de Moncho Veloso, de Telecinco de España, «de la noche a la mañana, Javier Gómez Bermúdez ha engrosado la lista de archiconocidos jueces –véase Juan del Olmo, Baltasar Garzón o Grande-Marlaska–«, todos ellos que no sólo tuvieron una extraordinaria presencia mediática, sino que lograron capitalizar en el rubro editorial la atención del gran público sobre el caso y su persona.
La crónica de Veloso informa que «defendido a capa y espada por unos y puesto en entredicho por otros, la periodista Elisa Leni, esposa de éste, ha escrito un libro –‘La soledad del juzgador. Gómez Bermúdez y el 11-M’, Temas de Hoy– en el que aporta un punto de vista diferente».
La periodista de Telecinco agrega que «en el terreno de las alabanzas, las comparaciones, aunque odiosas, salen a flote».
«Tal vez la gran virtud de Gómez Bermúdez sea la que también tienen otros profesionales en sus campos: hacer fácil lo difícil. Así pasa, por ejemplo, con Fernando Alonso», escribe Beni. Tras esta revelación, abrigamos la sospecha –y que nos disculpe la esposa-asistente si se siente ofendida– de si todo no fue una operación mediática de promoción del libro en el mercado latinoamericano, que si bien periférico, puede contribuir a engrosar las utilidades del proyecto editorial del alto magistrado de la Audiencia Nacional del Reino de España.
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