Crimen y castigo

Quisiera imaginar una situación. Y me pregunto ¿cómo un ser humano puede vivir y transcurrir su existencia, tras haber ordenado cometer a sus subordinados, actos infames de lesa humanidad? ¿Qué les habrán dicho a su familia, hijos, nietos, amistades? No logro aclarar mi mente respecto de esto.

Y pienso en un cuadro familiar. Con sus componentes alrededor de una mesa compartiendo una comida. ¿Sería igual que en el hogar de todos aquellos, que en la vereda de enfrente, luchamos por cambiar la situación en los años de terror que vivimos durante la dictadura?

Sería igual acariciar a un hijo. Sería igual con el cariño enorme, si los hay entre abuelos y nietos (que experimento desde hace poco tiempo), y pude comprobar lo escuchado frecuentemente de que no se compara con nada. ¿Cómo habrán hecho (y hacen) con esos sentimientos? ¿Cómo los manejan? No llego a entenderlo. Sería cuestión de consultar a los especialistas médicos.

Entonces se me ocurre una idea. Mediante alguna técnica cinematográfica lograr estar allí, en esos hogares de estos «señores» que tomaron como suyas nuestras vidas. Y poder comprobar fehacientemente, ya que no creo que me convenzan los que estudian estas situaciones del ser humano, cómo es posible sobrellevar o no, el peso de tanto daño.

Transcurridos los años son irreparables. Ya sea por la desaparición física, por el daño psicológico que produjeron en todos aquellos que estuvimos detenidos en condiciones imposibles de relatar. Con torturas permanentes, y que no lograron quebrar la enorme fuerza espiritual de todos. Lo más trascendente de todo ello, es que recibimos ese trato, solamente por pensar diferente. Con solamente un arma, a nuestro alcance, el convencimiento de que se podía lograr mejorar la situación general del Uruguay con métodos opuestos a los que ellos emplearon con nosotros.

Han transcurrido tres decenios desde aquel oscuro momento. Y lo que he notado, más allá de que somos muchos los que aspiramos a que se haga justicia, que no logro (logramos) demostrar odio, rencor, venganza. Ello demuestra que nuestra lucha fue franca, de frente, sin oscuros pensamientos, sin intentos de enriquecimiento, con el único fin de dejar a futuras generaciones un país acorde a lo que se merecen.

Esto último que expreso, no significa que no tenga alegría, satisfacción por vivir estos momentos tan trascendentales para nuestra historia. Pero como decía, sin odio, sin venganza, sin rencores, simplemente que se juzgue a todo aquel que cometió delito y que se le garantice lo que la Constitución expresa. A pesar de que todos los que pasamos por sus «manos», no tuvimos la oportunidad de defendernos, por el contrario, fuimos avasallados en lo más íntimo, deshaciendo la familia y en muchos casos quedándose con lo más preciado: la vida.

¿Cuántos momentos felices nos «robaron»? ¿Cuántas ilusiones frustradas? ¿Cuántos planes de miles de familias truncadas? Y aquí estamos todos aquellos que logramos sortear todos los «métodos» utilizados por estos ejemplares. Y ellos no pudieron cumplir sus objetivos, que el destino de nuestro país se encaminara hacia nuestros ideales.

Por ello pensaba en la técnica cinematográfica. Sería interesante vivir ese momento en que el padre, el esposo, el abuelo, le manifieste su cariño al familiar. Allí saldría de duda, me convencería de lo que pienso íntimamente: no tienen corazón.

Entonces sugiero un cambio para demostrar a estos avezados alumnos de Hitler, lo equivocados que estaban. Ni encierro, ni castigo, ni «escraches». Sugerirles que mirando a los ojos a sus hijos, nietos (y a los nuestros), les expliquen, si pueden, qué los llevó a «combatir» con saña incomparable, a los que rechazaban su régimen. Entonces sí sería feliz plenamente, viéndolo por supuesto, como actúan ante esa situación. Sin capuchas, sin armas, sin «submarinos», sin plantones, sin golpes, sin la «autoridad» que emana de tener el poder por la fuerza. Solamente sosteniendo la mirada, primer reflejo del ser humano que nos lleva a todas las siguientes reacciones.

En fin, estas reflexiones surgieron leyendo y escuchando, cómo en los últimos tiempos cumpliendo la premisa electoral de este Gobierno, se ha logrado esclarecer, lo que muchos no quisieron hacer, referente a la oscura noche que nos hicieron vivir aquellos que ahora se sientan en el banquillo de los acusados con las garantías que nosotros no tuvimos.

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