La mirada estrábica de Telesur sobre el conflicto de las papeleras
EN SU NOTICIERO del lunes 12 a las 22.00, hora uruguaya, Telesur dio una versión totalmente deformada y sesgada al extremo del conflicto entre Uruguay y Argentina sobre las papeleras. Diríamos una versión estrábica, que se amolda en un todo a la posición del gobierno de Kirchner.
Fue el tema con el que abrió lo que llaman emisión estelar. En primer término, apareció un veterano argentino, presuntamente de Gualeguaychú, con escarapela argentina en la solapa, proclamando que ellos están defendiendo la vida de los nietos de los uruguayos, lo mismo que de los nietos de los argentinos, al actuar contra las decisiones del gobierno uruguayo. Y que eso lo estaban comprendiendo, y debían comprenderlo cada vez más, los propios uruguayos.
Le siguió una buena señora, también argentina, augurando que Botnia iba a contaminar todo, que no se podría vivir en toda la región, que el objetivo de las empresas del norte es venir a contaminar a los países del sur, que eso no se podía permitir y que su lucha era para impedir que Botnia se pusiera en marcha.
Ambos se despacharon largo y tendido. Ahí terminó el primer capítulo de la emisión estelar. Esa era la verdad revelada e incontrovertible. No había más nada que decir sobre el tema, aparentemente.
Siguió una extensa propaganda del gobierno venezolano llamando a votar por Sí la reforma constitucional. Después algunas otras noticias del mundo y avisos varios.
Al filo de las 22 y 20 reapareció bruscamente el tema de las papeleras. Otro locutor dijo que la puesta en marcha de Botnia era defendida a ultranza por el gobierno uruguayo, y que lo había decidido unilateralmente, sin consulta previa. (Vaya viendo cómo a cada paso se tergiversa la realidad). Después hubo tres reportajes brevísimos, una frase cada uno, a otros tantos uruguayos, se supone que en Fray Bentos, que manifestaron estar de acuerdo con la medida del gobierno y que era una decisión soberana.
Luego vino un cuadro cronológico del conflicto, en verdad un decálogo de tergiversaciones y omisiones.
No dijeron (para empezar por lo más reciente) que en un gesto de buena voluntad y demostrativo de su vocación de diálogo el gobierno uruguayo postergó por varios días la habilitación de la planta, atendiendo la solicitud del facilitador español para intentar un acuerdo en Santiago previo a la Cumbre; y que la decisión se adoptó después de que la delegación argentina demostró que no estaba dispuesta a ningún diálogo y no sacaba de la mesa el tema, absurdo a esta altura, de la relocalización de la planta.
No dijeron que los técnicos argentinos mantuvieron esa posición en una inconducente reunión previa, y lo mismo aconteció en un encuentro de resultados nulos entre los dos cancilleres.
No dijeron que el presidente Kirchner rechazó de plano la propuesta del canciller Miguel Ángel Moratinos de efectuar una reunión conjunta de los dos presidentes y el rey en Santiago. El canciller uruguayo, Reinaldo Gargano, divulgó los términos de esta negativa: «Reunión de ninguna forma. Porque después de la foto, ¿qué se va a decir? Si total, esto no se va a solucionar».
No dijeron que la negativa sistemática del gobierno argentino se extendió a la propuesta, reiterada por parte del gobierno uruguayo y que sigue en pie, de realizar un monitoreo conjunto del Río Uruguay.
No dijeron que, en cambio, Kirchner dio su apoyo explícito a los piqueteros en Santiago mismo, y dejó plantados a delegados internacionales, al secretario general de la OEA y embajadores invitados a una reunión conmemorativa en la embajada argentina.
No dijeron, para remontarnos ahora a los orígenes, que el conflicto surgió hace más de un año por el bloqueo de los puentes, el cual causó y sigue causando enorme perjuicio a trabajadores, camioneros, empresarios uruguayos (y argentinos también), y que el bloqueo fue considerado ilegítimo por el Tribunal de Controversias del Mercosur en una votación unánime, incluso del delegado argentino, por ser violatorio del artículo 1º del Tratado referido a la libre circulación de bienes y personas.
Tampoco dijeron que Argentina solicitó en julio de 2006 una medida cautelar para detener la construcción de la obra ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, organismo de Naciones Unidas, y que ésta rechazó el pedido por 14 votos contra 1 (argentino).
Incluyeron a Greenpeace como organismo que se incorporó a las acciones piqueteras, pero omitieron decir que se retiró cuando las acciones asumieron un cariz abiertamente agresivo y provocador.
Tampoco dijeron que algunas veces el bloqueo fue interrumpido por indignados comerciantes entrerrianos que los sacaron a patadas porque los estaban afectando en su medio de vida; y que otras veces el cerco se abrió mediante el pago de coimas o para dejar pasar a una hinchada de fútbol. O sea, arbitrariedad total.
También se perdieron la ocasión de incluir en la reseña el documental del argentino Eduardo Montes Bradley «NO a los papelones», que vimos en Uruguay y fue prohibido en Argentina, y empieza con las siguientes palabras del director: «Hace más de dos años que un puñado de idiotas decidió cortar la frontera entre Argentina y Uruguay en nombre de vaya uno a saber qué estímulo paranoico seudoambientalista»; que describe a algunos de los turbios personajes que mueven los hilos de esta tramoya y muestra los graves problemas ecológicos reinantes… en Gualeguaychú.
Podrían también haber mencionado la circunstancia notable de que en Uruguay el pueblo y todas las fuerzas de oposición apoyan al gobierno en este tema, lo que no sucede con ningún otro. El locutor de la parte final dijo que en una semana se sabrá si Botnia contamina o no. Vamos a ver si se presenta a verificarlo y lo informa. Estaremos atentos. *
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