"Me aburre estudiar"
Vagos hubo en todas las épocas. Es cierto. Vagos que asumían su condición o que la disfrazaban culpando a los profesores, a la mala suerte de que siempre le preguntaban lo que justo no había estudiado, e incluso aquellos que se disfrazaban de militantes para maquillar con una buena causa su verdadera motivación. Aún en tiempos en que nuestra educación estaba considerada de las más avanzadas en la región, había vagos.
También es cierto que durante la dictadura se dejó de lado a muchísimos docentes capaces, muchos entraron a dedo (o a venia), y los programas fueron decapitados sin asco. Fue muy fuerte.
También es cierto que aunque se ha aumentado, como nunca, el presupuesto para educación, todavía no alcanza y a los docentes les falta un montón para llegar a un salario digno. Todo eso es cierto.
También es cierto que maestros y profesores tienen un profundo amor por lo que hacen, que entregan un enorme esfuerzo por su vocación, tanto en su etapa como estudiantes así como en su actividad en las aulas.
También es cierto que la crisis del fenómeno educativo no es una exclusividad nuestra, sino del mundo entero.
Expreso toda esta gran preocupación como ciudadano común, pero también porque soy y me siento docente. Estudié Ciencias de la Educación en el IPA, entre 1974 y 1977, y ejerzo desde 1980 en Taller de Periodismo, donde uno mis dos vocaciones.
Los humanos no somos un disco duro
Ya mucho antes de la dictadura la educación en nuestro país era, en realidad, instrucción. Toneladas de instrucción. Horas y horas, años y años sentados, en escuela, liceo, universidad, junto a otros 30 o 40, escuchando y escuchando miles de horas de conferencias sobre los más distintos temas, a cargo de personas que año tras año las repetían, muchas veces en forma aburrida. Aburrida para ellos y para los alumnos. Encima había (hay) que memorizar todo aquella información acumulada para aprobar el año o descargarla en los exámenes. Cada tanto había (hay) que «vaciar el disco duro» para dar paso a nuevas toneladas de información acumulada para memorizar y descargar. Y así sucesivamente hasta que, si lográs sobrevivir, te recibís…
Es terrible. Si hace muchísimos años que nuestra educación pasó a ser un aburrimiento, en estos tiempos, es un «embole» total.
Teórica, abstracta, enciclopédica… ¡socorro!
Esto no solo es un problema de dinero ni que cada uno tenga una computadora
¿Cómo no tener esto en cuenta a la hora de analizar causas de repetición, de deserción, de bajo rendimiento, de baja motivación e interés? ¿Cómo no tener en cuenta esta brutal pasividad a la que sometemos a nuestros niños y jóvenes justamente en la etapa más viva y activa del ser humano? La etapa de los descubrimientos. Descubrimiento del mundo, de los demás, y de sí mismos. Etapa de la experimentación, de la energía, de la creatividad. De la alegría, de la frescura, de la participación, de la vivacidad. Etapa de la búsqueda y de la elección. ¿Cómo no darnos cuenta que imponiendo la pasividad estamos propiciando el desinterés, el ocio, el sinsentido, y todo lo que viene consigo?
Hay muchos problemas y carencias, sí, en torno a la educación. La principal, a mi modesto juicio, y desde hace muchísimos años, es un problema conceptual. Concepto de ser humano, de vida, de libertad, de pedagogía. Nada puede sustituir la práctica, la experimentación, el descubrimiento, individual y colectivo, del ser humano. Para constituirse en ser activo, autónomo, autogestionario. Para estimular y desarrollar sus capacidades, sus intereses, su voluntad y carácter. Su identidad. Para forjarse por su propia experiencia un ser vivo en la totalidad de lo que es un ser humano. Los demás estamos para acercar el mejor marco posible a ese ser único que necesita crecer.
Cualquier otra intromisión aun nacida de las mejores intenciones es muy contraproducente. Los resultados están a la vista y desde hace mucho tiempo. *
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