Otra Convención inoperante
Leopoldo Amondarain
Este sábado se produjo otra Convención nacionalista más. Sin pena ni mayor gloria. La misma tuvo como tema (por inspiración del señor presidente del Honorable, en base del manido principio de la refundación del partido) la reforma de las estructuras partidarias. En buen romance, el doctor Lacalle tácitamente nos quiere convencer de que el partido perdió en la última elección nacional 300.000 votos por culpa de las viejas estructuras y no por sus responsabilidades. El que piense que él fue culpable, está más loco que una cabra.
Dentro de ese marco, considero fundamental la creación de distintos organismos internos, como por ejemplo la secretaría de asuntos sociales por citar la más emblemática. Dio al respecto, y es cierto, que dicha secretaría ya había sido creada con éxito por Wilson Ferreira. También es cierto que muerto Wilson y llegado él a la jefatura, la secretaria de marras fue liquidada.
Pero de cualquier manera siempre es bueno reconsiderar si el invento vale la pena. Hasta acá, macanudo. Pero hagamos ciertas salvedades. Wilson creó la secretaría de asuntos sociales, porque tenía un partido vital con muchísimos votos.
En cambio ahora, Cuqui podría esperar un «poquito»… Hay otras urgencias más imperiosas que las estructuras internas que se pudieron plantear en la convención económica neoliberal que hambrea la población uruguaya. Ajustar o «patear» el Mercosur que está matando la industria y el comercio nacional y que gira sólo en torno a la «música» que tocan Brasil y Argentina dejándonos el triste papel de vulgares partiquinos o «cuzquitos» ladrones que corremos detrás de ellos.
Presionar al gobierno para imponer una política eficiente para combatir el desempleo que termine con la angustia de una juventud sin destino que se está leyendo del país por fracaso y desesperanza.
En buen romance, levantar banderas reales, prácticas y creíbles en lugar de «guitarrear» con las estructuras.
Vale también la pena hacer otra disquisición. Malo era, indudablemente, el pelearse públicamente entre la familia. Pero también es obvio que tampoco es acertado irse a la «otra» punta del espectro. Entró de golpe y porrazo y hasta produce gracia, sentir los diversos discursos actuales de «cariño fraterno». Todos nos amamos, todos nos queremos, todos somos hermanos, todos somos buenos, castos y puros todos, todos, todos. Tan excelentes somos, que de hecho no existimos. Hemos pasado a la inercia absoluta. Nadie se levanta contra el gobierno «divertido» pero reaccionario y retrógrado. Nadie se anima a criticar y por ende nos estamos transformando en el «patio del fondo» del Partido Colorado. El bipartidismo no murió. Por el contrario existe y está vigente. Sólo que está entre el Frente y los colorados. Nosotros estamos «afuera» de puro «bonachones» según parece.
Por todo lo expuesto hay que concluir que para darle vigencia al partido hay que olvidarse de «masturbaciones» estructurales y discursos sensibleros sobre el amor y la ternura (parecemos feligreses de la iglesia «ondas de amor y paz» del pastor Giménez…) y adoptar ideas y medidas originales y radicales que terminen con una crisis agobiante que está desmantelando la juventud del país, que se está yendo pues en su tierra los políticos les cierran el horizonte.
Sin querer pecar de reiterativos, empecemos a mirar el ejemplo venezolano de nacionalismo como Chávez que termine con la corrupción política y la crisis volviendo a insuflar la fe y esperanza en una ciudadanía empobrecida carente de soluciones. Las cabezas actuales están gastadas y comprometidas con realidades e intereses decadentes ajenos a las necesidades populares.
O cambiamos como los venezolanos o morimos por conformistas, indecisos y faltos de coraje cívico.
* Convencional del Partido Nacional
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