El marxismo: diversos modos de producción
La consideración de los diversos modos de producción exige un prólogo ineludible. En la Unión Soviética –entre 1929 y 1931– se desconoce la noción de Marx de `modo de producción asiático’, y las sociedades correspondientes a ese modo serán clasificadas como `esclavistas’ o `feudales’ . Desde entonces la interpretación stalinista considera ineludibles en el desarrollo histórico a cinco estadios: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo. Esa visión despoja al materialismo histórico de su carácter científico, anula la investigación, para convertirlo en una filosofía de la historia, `ordenando’ el curso de su devenir, `encajando’ los hechos en un esquema predeterminado. Hoy es preciso rescatar del marxismo su carácter científico, lo que Lenin llama su esencia, `el análisis concreto de la situación concreta’ para caracterizar en cada momento y lugar, el modo de producción correspondiente.
En la prehistoria la alimentación en base a frutos y pequeños animales, antecede a la caza mayor. Pero recién cuando la humanidad cultiva y cría animales, es decir produce, se constituye un modo de producción. Con la Revolución Neolítica los hombres se convierten de parásitos de la naturaleza en socios de ella. La agricultura incrementa y asegura la producción de alimentos y permite aumentar la población. Hay elementos para suponer que las mujeres se ocupan de la agricultura, de lo que deriva su rol relevante, imperando el matriarcado. Los hombres, que anteriormente se dedican a la caza, después lo harán en la domesticación y pastoreo de animales, por lo que entre los pueblos pastores tienen el papel relevante y domina el patriarcado. En las comunidades hay igualdad social, un comunismo de la pobreza y de la subsistencia (modo de producción comunista primitivo o comunitario, el primero universalmente aceptado).
Pero ya nace el concepto de propiedad. Mientras que en las comunidades cazadoras el consumo era inmediato y los útiles de uso común, luego con el excedente se desarrolla el trueque, y se pasará paulatinamente a la propiedad privada y con ella, al surgimiento de las clases sociales. El comunismo primitivo se debilita, pues si bien la tierra es propiedad comunal, la mayor habilidad o suerte hace que el progreso sea desigual entre sus integrantes. Esas comunidades más prósperas aumentan la población, lo que las obliga a ocupar nuevas tierras y a guerras contra los cazadores, además de que el autoabastecimiento puede frustrarse por fenómenos naturales.
Se sale del atolladero con la Revolución Urbana hace 5000 años en los valles del Nilo, Tigris-Eufrates e Indo cuando aparece la civilización: herramientas y armas de cobre y bronce, escritura, ciudades. Aparece la mayor revolución en las fuerzas productivas previa al capitalismo, el riego, con lo que crece significativamente la producción y el excedente.
Para referirse a esas civilizaciones Marx describe el `modo de producción asiático’, más correctamente denominado hoy tributario, aludiendo a su esencia y no al continente donde aquél lo estudia (el segundo modo aceptado universalmente). Es un despotismo económico surgido en pueblos que para enfrentar a la naturaleza –por ejemplo, inundaciones–, están forzados a una gran cooperación y disciplina regidas por el Estado. Surge una protoclase dominante (controla el Estado pero no posee la propiedad privada de los medios de producción y de cambio). Por un lado, explota el trabajo de las comunidades, en el seno de las cuales no hay mayores desigualdades porque la propiedad privada apenas existe; y por otro lado, asegura la coordinación y dirección de los trabajos públicos (como los canales de irrigación) y otros aspectos necesarios al funcionamiento de la economía agrícola (el calendario, por ejemplo).
Con la separación del trabajo físico o manual y el intelectual, se origina una casta sacerdotal y/o militar que actúa como explotadora. El producto excedente queda en manos del Faraón o del Inca y del templo del dios, vale decir, de los sacerdotes y altos funcionarios.
Se trata de una formación de tránsito a la sociedad de clases, observable en Egipto, Mesopotamia, India, China o Perú. Es el eslabón de unión entre la fase patriarcal dominante hacia finales del neolítico y las sociedades de clases posteriores.
El modo de producción capitalista será dominante a fines del siglo XVIII. Este modo se asienta en el capital y en la abundancia de mano de obra y es el tercero universalmente reconocido. *
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