La política como negocio

Sí señor, no sólo es una profesión, sino que la han convertido en una verdadera fuente de ingresos personales.

Quienes observamos el panorama representativo político actual estamos convencidos de que existe una verdadera desesperación por acceder a cualquier peldaño público.

Analizando la realidad, nos encontramos con hechos tan deprimentes que nos avergonzamos lastimosamente. Cuando pensamos que el acceso a un lugar político debería significar un verdadero orgullo para cualquier persona, y que la propia responsabilidad del cargo, obliga a un desempeño cristalino, honesto, responsable y sobre todo, justo y equitativo.

Sin embargo, el conocimiento de muchas situaciones particulares nos demuestra que los uruguayos nos hemos acostumbrado a utilizar los cargos públicos como verdaderas fuentes de ingreso. Desde cualquier cargo, no importa la ubicación, se establecen mecanismos que explotan el amiguismo, la afinidad partidaria, la compensación acordada comprobándonos el lamentable panorama ejercido por los representantes políticos.

Si pretendemos vivir mejor en nuestro país deberemos asumir el compromiso del cambio de actitud frente a este tema. Ya no tendremos que apoyar a fulanito para que nos consiga un puestito en un ente, sino que por el contrario apoyaremos a quienes luchan por un verdadero sistema equilibrado que aplique acciones colectivas, desinteresadas, guiadas hacia el beneficio común de toda la población. Cuando el acceso a un lugar político signifique un tremendo honor para ejercerlo, y la suprema responsabilidad para quien lo haya obtenido, recién allí comenzaremos a transitar por caminos de honestidad y comprensión.

Somos los orientales quienes tenemos que cambiar el sistema. Darnos cuenta de que no podemos soportar a este grupo de inescrupulosos compatriotas que se aprovecha de la actividad política para vivir cómadamente. No importa el nivel social en que figuran porque tanto lo explotan los pequeños caudillos zonales, como las renombradas familias tradicionalistas uruguayas.

Acceder a todo sitio público obliga a ejercerlo con justicia y libertad. Dos condiciones que están faltando por ejemplo hoy en día, en dos organismo de capital importancia en la organización constitucional del Uruguay.

Tanto la Corte Electoral como el Tribunal de Cuentas son fiel demostración de la inutilidad del actual sistema democrático. Contar con un honorífico tribunal para controlar las cuentas de cada uno de los organismos públicos, cuyos dictámenes son archivados en cualquier cajón, sin que nadie se moleste, es extremadamente penoso. Un conjunto de representantes políticos utilizados para ocultar malos procedimientos cuyos resultados sólo sirven como barricadas de pureza y seriedad.

Por otro lado, la demostración de la inexistente vigencia de la Justicia ya que no puede ser aplicada ante un organismo como la Corte Electoral cuyas resoluciones son inapelables. Ya los firmantes que solicitaron un plebiscito contra la Ley 16.413 han aprendido que la Corte es inmune a cualquier reclamo jurídico, por lo que se demuestra cómo inexpertos políticos se transforman en eficaces ministros electorales, adoptando resoluciones, que ni la propia Justicia uruguaya puede investigar.

Con estos ejemplos no podemos creer en partidos políticos defensores de los derechos constitucionales; más bien pensamos en organizaciones familiares de protección al trajín electorero.

A la política no la podemos explotar. Por el contrario hay que pensar que quienes acceden a lugares representativos reúnan condiciones tranquilizadoras y eliminen apetitos personales.

Alejemos a los mercaderes de la política y busquemos a las personas que merecen ser nuestros representantes.

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