"Gabinete habemus"
Después de lo que parecería una «gata parida» de nunca acabar, terminó la negociación interna en el Partido Nacional, cobraron nombre y apellidos las cuotas de poder que formaban parte del patrimonio a repartir y quedó constituido el gabinete que acompañará al doctor Jorge Batlle a partir del próximo 1° de marzo.
El proceso de negociaciones por parcelas de poder administrativo (y mediático) ha dejado, como sucede cada vez con más frecuencia, un sabor amargo.
No tanto por los nombres de los dirigentes a los que se designará, sino por la notoria motivación partidocrática de la elección de los nombres.
En el elenco anunciado hay, sin duda, más de una figura solvente y de trayectoria política clara, tanto en el Partido Colorado como en el Partido Nacional.
En algunos casos se trata de dirigentes que ya han venido desempeñando su gestión como ministros con un señalable apoyo de la oposición y buena parte de la (cada vez más escasa) prensa independendiente.
Hay, entonces, designaciones que cuentan, desde el vamos, con un nada desdeñable segmento de aceptación ciudadana.
Incluso los hay con respaldo entre los que se incorporan y tienen un pasado reciente de actuación pública conocida y respetada.
No se trata entonces de las figuras sino de la modalidad de prorrateo, de dosificación entre partidos y fracciones, lo que empaña el proceso de designación ministerial.
Vale la pena recordar que durante las semanas que duró la «pulseada» por los cargos, los principales dirigentes políticos de los partidos de gobierno, estuvieron de espaldas a los problemas del país, no pudiendo ocuparse de otra cosa que del reparto de los cargos ministeriales.
Asimismo conviene no olvidar que recién estamos en el comienzo del largo proceso de constitución de las autoridades públicas.
Hay un segundo momento que remite a designación de personal para los llamados «cargos de confianza», es decir la provisión de puestos por nombramiento directo en la administración, al margen de escalafones, concursos o pruebas objetivas de evalución.
Un rasgo que ha caracterizado a los últimos gobiernos colorados y blancos ha sido, justamente, el crecimiento ininterrumpido del número de cargos de esta naturaleza, naturalmente muy bien remunerados. Es decir, con salarios por encima de los que reciben los funcionarios presupuestados que revistan en los cuadros superiores de la administración.
Estos cargos, además, por su mal llamada naturaleza «política», tienen un encuadre de responsabilidades sumamente flexible y si, excepcionalmente, han surgido performances buenas y con auténticos aportes y espíritu público, lamentablemente, moneda corriente ha venido siendo el jerarca irresponsable, que nadie sabe de qué tareas se ocupa, qué horarios realiza y cómo administra los bienes públicos que tiene en su manos.
De esos, entonces, «boccatos di cardenale», hay unos dos mil novecientos a tres mil para repartir entre las patrióticas huestes de los dirigentes intermedios, caudillos locales, troperos de votos, contribuyentes económicos a las finanzas partidarias, etc.
Es de imaginar, que si diciembre y enero fueron de litigios, las querellas que se inician en marzo y que –a diferencia del gabinete ministerial que debe estar decidido inmediatamente a la instalación del gobierno– no tienen plazo de finalización, serán tormentosas.
Al mismo tiempo que estos «cargos de confianza», el gobierno deberá proveer los nombres de los integrantes de los directores de los Entes Autónomos.
Se trata –nada más ni nada menos– que de la conducción de gigantescos entes estatales, las empresas más grandes que existen en el país y que se ocupan de ámbitos esenciales para cualquier estrategia de desarrollo.
El puerto y los teléfonos, la electricidad y –en gran medida–, los seguros, los combustibles, el cemento, lo que queda de los ferrocarriles, el agua y las obras sanitarias, los principales bancos (BROU, Banco Central y Banco Hipotecario), los consejos directivos de toda la enseñanza pública del país (Codicen) y de los consejos de Primaria, Secundaria y enseñanza técnica: ¡el gobierno de todo eso es lo que hay para repartir!
¿Cuánto tiempo le insumirá a los vencedores de noviembre ponerse de acuerdo en el reparto de este cuantioso botín?
Mientras tanto, ¿permanecerán de espaldas a los demás problemas que afligen país?
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